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Crónicas de la pelotera, de humanos a diablos – Primera parte

Crónicas de la pelotera, de humanos a diablos  – Primera parte
diciembre 13
23:01 2017
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El Diablo, un ser maligno, temido por los creyentes, siempre ha sido fuente de amenaza para los pecadores. en Arbeláez, Satanás fue el protagonista de las leyendas transmitidas, a través de narración oral, por muchas generaciones.

 

***El diablo***

Hay leyendas grabadas en fragmentos escritos en donde se plasman las historias de los abuelos. En el libro “Retazos” de Clovodeo Barbosa, se recolectan historias como aquellas quienes decían que si alguien pronunciaba a gritos el nombre de Satanás, así fuese por jugar, corría el riesgo de quedar privado por obra del maligno, el innombrable, miedo y curiosidad.  En otro relato se cuenta que en las noches, entre los caminos de los campos, en donde la única luz que acompañaba era la de  las estrellas, rondaba un perro negro con ojos rojos brillantes. Era el Diablo en forma de animal, acompañado muchas veces por los terratenientes de la región. Pero la leyenda más proliferada entre las familias de Arbeláez cuenta sobre unas huellas grabadas por Satanás luego de ser derrotado ante varias apuestas que hacía con los humanos. Dos de estas huellas se encuentran en  El Puente San Antonio y en la llamada Silla del Diablo.

Sin embargo, no bastó con que Satanás fuera una leyenda inmaterial sino que se materializó en una centenaria tradición. Estas creencias han permanecido por más de 100 años en el municipio de Arbeláez, Cundinamarca. Una tradición cultural, un juego, una festividad que identifica a los arbelaences: La diablada o también conocida como la pelotera.

 

***Una tarde de vejiga*** 

Son las 12 del mediodía de cualquier año desde hace más de un siglo y como todo 16 de diciembre, el verano hace arder el pueblo. Es el inicio de las novenas de navidad, pero en Arbeláez, además de esto, es el comienzo de una tradición ancestral que nos recuerda que con el diablo no se debe jugar.

Pelotera a las 12 de mediodía en la plaza central de Arbeláez.

Hombres, mujeres, ancianos y niños se reúnen alrededor del parque central, buscan un lugar para observar el espectáculo desde los andenes, desde los muros del parque, desde la plazoleta o prefieren aglutinarse en el atrio de la iglesia. Los niños juegan, los adultos comparten una cerveza o comen un helado mientras llegan los personajes esperados por todo el año. En el ambiente hay fiesta, suena la música decembrina – ¡Pa pa pa! – explotan los primeros voladores en el cielo lo que indica que ya vienen los temidos diablos – ¡Diablo, diablo! – suena el primer vejigazo, es el inicio de la pelotera. 

Los diablos son un grupo de personas, normalmente hombres, disfrazados con trajes masculinos y femeninos, coloridos, los cuales representan un ser temido que castiga a quienes los torean.

Los diablos desfilan por las calles y entran a la plaza central, Luis Alberto García Araoz, donde ansiosos esperan a que el primer valiente exponga sus costillas -¡Diablo, diablo, diablo!- , grita alguien. El que toree al diablo que se atenga a soportar la pelotera, el castigo apestoso de ser golpeado por las vejigas secas, encauchadas, bien duras.

Los diablos llevan en la mano un palo al que le amarran una cabuya que sujeta una vejiga de vaca o de marrano, bien inflada, la cual hace retumbar el piso cuando la golpean contra la superficie. Los sujetos se ven muy amenazantes para algunos niños y adultos. Algunos pequeños lloran al verlos, otros en cambio les dan la mano.

Los diablos usan unas máscaras terroríficas de caucho. La mayoría de las máscaras representan brujas arrugadas con grandes narices y verrugas; también hay caretas de lobos, duendes y por supuesto del diablo. Otros utilizan máscaras de tela tan coloridas como sus trajes. Bueno, sus trajes no son tan espeluznantes. En realidad, son trajes muy llamativos al que le sobresalen muchas arandelas que plasman figuras. A pesar del intenso calor, los diablos visten con pantalón largo y buso manga larga. Por otro lado, las diablas tienen vestidos largos, enterizos, de manga larga, muy folklóricos con lo que cubren sus protuberantes atributos como los pechos y las nalgas, hechos con bolas de icopor o de plástico y así pretenden exagerar la figura de la mujer.

Varios arbelaences participan en la diablada y deben correr porque después de llamar a los diablos es difícil detenerlos. Estos satanes corren detrás del que los provocó hasta que desatan toda su fuerza con la fuerte vejiga sobre el lomo del arriesgado. Niños, jóvenes, hombres y algunas mujeres arriesgadas hacen parte de esta gozadera que es acompañada con música, regalos, sonrisas y muchas fotografías. Después de una hora de pelotera, los diablos se despiden y se van por el mismo camino por donde llegaron, hacia la escuela Antonio Nariño donde van a transformarse nuevamente en humanos. 

Desde el 16 hasta el 24 de diciembre se celebran estas festividades a las doce del mediodía, a las cinco de la tarde y a las siete de la noche. La hora más fogosa es a las siete de la noche donde los diablos llegan a cerrar la jornada con broche de oro. Hay una noche en la que los diablos llegan con la ‘Vaca loca’, una carretilla disfrazada de vaca, hecha con una cabeza real de res que tiene grandes cuernos. Hacen una representación de la fiesta brava – ¡Oleeee, oleee!-, grita la gente. Vídeo La Vaca Loca (de Brayan Vásquez): https://www.youtube.com/watch?v=aw8iVOQmj2o

Al finalizar la jornada, queda como resultado varias espaldas, brazos y piernas con morados después de la olorosa y dolorosa pelotera. Definitivamente, esto es un carnaval porque éstos personajes coloridos también juegan con los niños, bailan, saltan y divierten a la gente como no pasa en otra época del año.

 

***De humanos a diablos***

dos horas antes de salir, se congregan los personajes para la preparación.

La escuela Antonio Nariño, de Arbeláez, es el punto de encuentro donde niños, jóvenes y adultos, normalmente hombres, llegan a prepararse para luego salir transformados en diablos y diablas a la fiesta decembrina de la pelotera.

Cuentan los adultos que, anteriormente, los niños o jóvenes quienes querían disfrazarse no podían hacerlo sin antes cumplir un requisito de pericia. Los que se disfrazaban de diablas eran quienes tenían experiencia. Aunque ahora tienen reglas más flexibles, se intenta mantener en secreto el momento en que se disfrazan para que nadie los reconozca.

Las máscaras, los trajes y las vejigas tienen que estar listos y preparados para que todo salga bien organizado. El empeño puesto por las personas es motivante.

Antes de disfrazarse, tienen que alistar las vejigas.

Las vejigas llegan del matadero, en una bolsa. El color de las vejigas es rojizo pues están frescas y deben quitarle los gordos de grasa con un cuchillo. Luego las inflan con una motobomba y las ponen a secar en un periodo de 2 o 4 días, mientras toman un color amarillo quemado.

Cuando las vejigas están secas, deben rencaucharse. El proceso consiste en meter varias vejigas entre otras para que sean duraderas y fuertes. Pero antes, las vejigas deben desinflarse, se meten dos o tres vejigas, en una. Luego las vuelven a inflar con un compresor y por último se tiene que amarrar fuertemente con una cabuya.

Antes, cuando no se utilizaban compresores de aire para inflar las vejigas, los más jóvenes las agrandaban con un palito de higuerillo que tenía forma de pitillo, por lo tanto, tenían que utilizar la boca para soplar e hincharlas. 

Después de que las vejigas están listas, los sujetos entran al cuarto donde tienen toda la vestimenta. Primero entran los que se van a disfrazar de diabla y luego los que se disfrazarán de diablo.

Para que las diablas logren tener una figura femenina, usan bolas de icopor y senos de caucho debajo del vestido. Cada hombre se encarga de su vestimenta.

La indumentaria tiene que ir bien puesta, los icopores y los demás accesorios deben ir bien amarrados. Vestirse de diabla requiere de mayor tiempo.

Después que las diablas están listas, entran los demás para disfrazarse de diablo, lo cual es mucho más sencillo. Aproximadamente son 25 diablos los que salen al parque principal.

Los diablos salen de la escuela Antonio Nariño hasta la plaza central acompañados de varias personas con los que beben algo o se toman una foto. Una hora dura la pelotera entre vejigazos, música, sonrisas y fotos. En esta ocasión, docenas de niños fueron los diablos protagonistas de la exposición cultural más antigua de Arbeláez, 110 años de tradición.

Si quiere seguir al autor en Twitter: @dafegovi

Recomendación:

Leer: Crónicas de la pelotera, de humanos a diablos – Segunda parte.

 

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