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“Política” Marrullera!!!

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Por: Alejandro

Marrullero,  que palabra  tan disonante, tan extraña, hasta hace poco creía que no era  posible encontrarla en el diccionario de la Real Academia Española, pues me parecía  más bien un término  salido espontáneamente  en el contexto de una conversación de cafetería  en la que   se discute  sobre las artimañas que utilizan ciertas personas aspirantes a cargos de elección popular como  práctica de seducción electoral que les permita  ganar  la confianza  y contar con el respaldo  de las y los ciudadanos.

 

Opinión:

Fabián Enrique Rojas Martelo.

Al consultar el diccionario de la RAE, no solo me di cuenta  que si existe, sino que además, define  muy bien la forma en que muchos y muchas ciudadanas hacen de la política electoral un ejercicio vergonzoso, que le hace perder sentido al verdadero significado de la democracia,  aun cuando es en sí, la  misma  democracia,  la que nos brinda la posibilidad de que cualquier ciudadano y ciudadana pueda  acceder mediante el voto a las diferentes instancias del  poder público.

Es claro que para avanzar “exitosamente” en una campaña electoral, se deben  suscribir alianzas, buscar respaldo de los diferentes sectores políticos, sociales y económicos, simpatizar con el electorado, pero sobre todo lograr su  confianza y respaldo para que finalmente se vea al contar de los votos los resultados en las urnas. Lamentablemente es común observar en el ejercicio político electoral no solo regional, sino también en el Nacional, los candidatos y candidatas adolecen de atributos éticos, técnicos y  profesionales que permitan que ese respaldo, esas alianzas y esa simpatía se gane a partir de unas propuestas bien definidas, que destaquen las  necesidades de la sociedad, pero sobre todo evidencien acciones concretas para  solucionarlas.

Contrario a ello, las deliberaciones que uno percibe  en el seno de los diferentes y muy diversos grupos políticos, es cómo y qué hacer para persuadir al uno o al otro, a este “líder” o a aquel  para que se sumen a esas “propuestas”  trasformadoras que prometen el verdadero  cambio y bienestar social. Incluso,  se escucha con frecuencia, cuanta plata es necesario invertir para tener posibilidades  de “llegar”  al cargo de elección popular al que se aspira, es tan lamentable   que se hablan de montos mínimos de inversión,   que a todas luces, en muchos casos,   superan los montos máximos permitidos por la ley.

Cuanto me gustaría, decir que lo dicho aquí, es mera especulación, que no  es más que una acción marrullera de mi parte para desestimar el ejercicio electoral,  pero asumo que  si en algún momento el lector ha estado inmiscuido en procesos electorales, se identificará con lo aquí expuesto, y seguramente con vergüenza, rabia, negación o inclusive como yo,  con profunda decepción,  coincidirá que  esto  no se aleja para nada de nuestra triste realidad.  

A pesar de ello, es prudente manifestar, que la política basada en el engaño, en las promesas falaces, sin base técnica que las soporte, ni sentido ideológico que las respalde, no es la única forma en que se viene ejerciendo, siempre  persiste la esperanza, la verdadera voluntad de realizar un proceso juicioso, riguroso, serio y sobre todo honesto, que permita tomar las decisiones más convenientes y materializar propuestas concretas con capacidad de ser ejecutadas para alcanzar los resultados prometidos.

Pero tengamos siempre presente que la cultura política y las competencias  democráticas de la ciudadanía son  escasas, limitadas por el contexto social en el que nos encontramos,  ausentes de formación política y sentido democrático. Esto es precisamente lo que permite que los políticos marrulleros logren  sus objetivos electorales, alcanzando   o preservando una  posición  de poder en el escenario político.  

 

FABIAN ENRIQUE ROJAS MARTELO.
Administrador Publico.

martelo1984@hotmail.com

 

 

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