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Lo que empieza mal, se puede corregir, pero…

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Por: Alejandro

Ahora que desde el Presidente Santos, el Fiscal General de la Nación Eduardo Montealegre Lynett, un sector de la prensa colombiana, los países garantes, la iglesia católica y hasta Cofi Annan, ex Secretario General de la ONU, se subieron al bus del cese al fuego bilateral como alternativa para sacar adelante el proceso de paz, deseo decirle al gobierno nacional que aún corregido el camino, no es momento de poner requisitos sobre los cuales se tendrá que volver a corregir.

 

Opinión:

Por Germán Calderón España. (*)

Me refiero al cese bilateral y “definitivo”, porque esa es la lógica consecuencia de un acuerdo “concluyente, decisivo e irreversible” de paz. Pero lo que se está proponiendo nos remite  a  esperar hasta que se llegue al pacto final que podría darse en los cuatro meses que fijó el Presidente, como también después de ese término pues si no se derrumbó ahora en un momento tan crítico, no se derrumbará en ese tiempo si no se ha llegado al punto tan esperado por los colombianos.

Podría sonar a engaño el cese al fuego, que si bien debe ser bilateral para evitar muertes, actos terroristas, desastres ambientales, entre otros funestos resultados del conflicto, no puede exigirse ahora mismo que debe ser “definitivo”, porque mientras tanto seguiremos en el tome y dame entre fuerzas armadas y guerrilla produciéndose más víctimas y acrecentándose la desconfianza en el proceso.

El cese al fuego bilateral debe ser “inmediato”, porque de lo contrario en menos de un pestañeo, cuando se esté acabando el cese unilateral declarado por las FARC que se iniciará el 20 de julio y terminará el 19 de agosto, volveremos a los hechos violentos que afectan diariamente, en particular, a las zonas más vulnerables del país como Putumayo, Caquetá, Nariño, etc.

En medio de este juego de palabras, el gobierno está proponiendo el desescalamiento del conflicto, es decir, si la escalera de la violencia tiene 10 peldaños, le quito uno, que podría ser el del secuestro o el de los atentados terroristas o el de la extorsión o el del narcotráfico, cuando lo que necesita el país es la abolición de esa escalera de incertidumbre, porque si ella es la que estorba hay que destruirla integralmente.

No sirve para nada decirle al país que se va a pactar un cese al fuego bilateral y “definitivo”, porque esta falsa esperanza tiene efectos ultra-activos y no presentes, que es lo que puede darle un segundo aire al proceso.

Pueda que el gobierno nacional pretenda con esto acelerar el acuerdo definitivo, pero lo que habría que analizar es si el pueblo está preparado mental y físicamente para soportar la violencia durante los tres últimos meses del término fijado por Santos, porque el primero estará ajeno de la misma por cuenta de la decisión de las FARC.

¿Qué sucederá si vencido ese término de cuatro meses no se ha llegado al acuerdo definitivo de paz? ¿Continuará la violencia?, ¿Continuará el proceso?.

Aquí no aplica la famosa frase de Luis Carlos Galán que decía “ni un paso atrás, siempre adelante”, porque ya se dio reversa en un tema fundamental para el logro de la paz, pero esa reversa no puede propiciar otra, porque podría ser el final del proceso.

(*) Abogado Constitucionalista.

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