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Diálogos de paz sí; pero con sumas claridades.

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Por: Alejandro

Los diálogos en la Habana, que muchos denominan los de la Paz colombiana, iniciaron mal porque no hubo unos mínimos aspectos, básicos por demás, sobre los cuales las partes se hubiesen puesto de acuerdo para comenzar las conversaciones exploratorias y, muchas decisiones de trascendencia, se fueron tomando con su devenir y de acuerdo con las conveniencias o no de las circunstancias del momento. 

 

Opinión:

Por Armando Ramírez Olarte.

A manera de ejemplo, no se dijo nada al inicio sobre la perentoriedad de la liberación de los secuestrados en manos del grupo insurgente, tampoco cómo iba a ser la intervención de la sociedad civil, o sobre cese bilateral o unilateral al fuego y de hostilidades, etc., etc.

No es que se quiera decir que los diálogos, que no proceso de paz, con la insurgencia armada no sean importantes, o que los colombianos no deseen mayoritaria o totalmente que haya un mejor clima de convivencia en nuestro territorio; lo que sucede es que estas conversaciones han tenido tantas maniobras como incongruencias, que podría decirse que la poca credibilidad es lo que cunde a lo largo y ancho del territorio nacional.

Baste no más, para citar una forma de entender lo que los colombianos piensan de estas reuniones en Cuba, que las más recientes encuestas respecto a dicho entorno y a la vez sobre la imagen presidencial andan de capa caída, lo que sin duda debe llamar la atención del gobierno nacional para que se tomen medidas que impidan que la incredulidad se tome por completo y en absoluta mayoría este intercambio ideo político; en procura de que se salvaguarde este procedimiento que es importante.

A ello, le sumamos que las acciones violentas de la subversión sentada en la Habana no es precisamente la mejor manera de decirle al país que efectivamente se está pensando de forma seria en alcanzar la paz en nuestro territorio; por lo que unas conversaciones con tales dificultades, es decir, negociaciones en medio de la confrontación debiesen replantearse y para que se le dé un acertado tratamiento que brinde confianza, lo que por ahora, poco ocurre.

Aunado a esto, se afirma la existencia de acuerdos en varios aspectos de lo que son las negociaciones propiamente dichas, sensibles para el país, pero a ciencia cierta no se conoce qué es lo realmente pactado, lo que pone en estado de alerta a más de un colombiano, pues se piensa que el gobierno  del  presidente  Santos está entregando demasiado en la mesa para la guerrilla de las Farc y, que se pretende después que en las urnas se ratifique, a lo que la población se muestra no estar muy dispuesta.

 

En estas condiciones, mejor sería hacer un alto en el camino y enderezar estos diálogos que aunque mal iniciaron, podrían servir para que se corrijan los yerros con los cuales se evidencie una salida que concite las aspiraciones de los connacionales, que incluya la verdad, la coherencia, la justicia, la solidaridad y la equidad en todas y cada una de las decisiones, tanto para los unos como para los otros, entre ellos las víctimas y sus familias, para que a futuro, la historia no tenga que decir que la crisis social y política de esos momentos, obedece a las malas decisiones tomadas en la Habana.

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