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Justicia a la carta

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Por: Sala de Redacción

Barajar y volver a repartir. La sociedad está definida por el grado de justicia que reconozca y haga respetar. La injusticia, así vista, resulta ser, en todas sus manifestaciones, una inexplicable tolerancia social.

Opinión

Por: Octavio Quintero

La justicia, en todas sus manifestaciones: distributiva, procesal, retributiva y restaurativa, para que sea real, debe reunir, en todas sus instancias, tres condiciones básicas: Virtud, Igualdad y Valor… La justicia debe ser un valor jurídico razonablemente aceptado por la sociedad. Cualquier decisión administrativa o judicial, que convoque un consenso de rechazo, señala, per se, una injusticia manifiesta. No se requiere mucho esfuerzo mental para colegir el grado de injusticia que circunda la sociedad colombiana, a través del siguiente cuestionario. Juzguen ustedes:

¿Se gestionan con transparencia los procesos judiciales?

¿Qué grado de impunidad limita la aplicación de justicia?

¿Qué grado de corrupción se observa en el país?

¿Hay respeto por los derechos fundamentales?

¿Se cumple cabalmente la constitución y las leyes?

¿Funciona la Justicia social en el país?

El poder judicial

Sin mucho riesgo, se puede apostar que un NO ronda, mentalmente, cada pregunta… Este tema es denso y complejo… No todos los casos de injusticia subjetiva llegan a instancias judiciales, y cuando llegan, son sometidos a procesos tediosos y costosos.

Entonces, se pensó que mediante el principio de celeridad procesal podía acortarse y acercar la justicia a la gente. Pues, los abogados han convertido este recurso en impunidad, un elemento más de corrupción y degradación social, porque, tanto en la adulteración como en la manipulación de los procesos, entran en el juego sucio otros actores institucionales y privados: jueces, magistrados, médicos, contadores públicos, testigos y pruebas falsas: lo peor de la condición humana, hasta el crimen doloso. Por algo han fracasado reiterados intentos legislativos de reformar el sistema judicial, y el modelo económico neoliberal, ni se diga…

A manera de ejemplos al canto:

1-El empresario Enrique Vives Caballero, conduciendo ebrio, arrolló y mató a 6 jóvenes en accidente de tránsito que conmocionó al país… Fue condenado a 7 años de prisión, en casa por cárcel;

2-Alexander Morelo, por manoseo erótico a una pasajera en un bus urbano, fue condenado a ocho años de prisión, en establecimiento penitenciario. ¿Cómo va a ser que la condena por acoso sexual a una dama sea superior al homicidio de seis personas? ¡Inaudito!

3-El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar informa que en el país cinco millones de niño(a)s, hasta los 14 años, sufren desnutrición;

4-La Universidad Nacional revela que 10 millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente.

¿Cómo va a ser que, mientras la juventud padece hambre, el país bote tanta comida? Otras vez: ¡Inaudito!

Conclusión:

Vivimos inmersos en un sistema judicial y económico enfermo, clasista y amoral, al que llegamos halados por un régimen oligárquico y cleptómano, que nos provee de funcionarios políticamente laxos y corruptos, comenzando por el propio presidente, pasando por los congresistas, los magistrados de las altas cortes, el fiscal, el procurador, el contralor y un largo etcétera, hasta el último grano de la mazorca, con perdón de las pocas excepciones que haya.

Solución: hay que barajar y volver a repartir. Eso es lo que significa la propuesta del Pacto Histórico que acompaña la candidatura presidencial de Gustavo Petro y Francia Márquez.

Fin de folio.- Las encuestas electorales, más allá de lo insidiosas, reflejan la falta del ingenio que requiere la mentira para que no resulte burda.

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