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No se engañen, no es contra la corrupción

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*Nota del Editor: Leidy Barrera, caracterizada y radical líder cuando se trata de defender lo social y de rechazar lo inmoral (en términos de administración pública), entregó algunas observaciones sobre lo que, considera, fueron las verdaderas razones de las protestas poselectorales en su entrañable Cota.

 

Opinión

Por: Leidy Barrera Camargo.

El día de ayer (sábado 2 de noviembre) presenciamos la debacle moral del municipio de Cota (Cundinamarca), cuando por primera vez vimos gente amenazando de muerte, mediante publicaciones en perfiles de Facebook.

Se trata, más bien, de una advertencia a algunos ciudadanos para que se vayan del municipio porque no tuvieron la postura política que ellos querían, haciéndole una asonada a un ciudadano y a la comisión escrutadora.

Fue eso la vergonzosa representación del país violento, amenazante, el que busca «ganar» a ultranza, y está dispuesto a las peores prácticas.

No se equivoquen; eso no es contra la corrupción, porque esa misma gente jamás protestó por los innumerables contratos amañados, por la mala calidad de las obras y el desfinanciamiento de las mismas; por las graves afectaciones a la comunidad, por los montones de dinero del presupuesto que allí se pierden y se dilapidan.

Mostró Cota la condición de un pueblo electorero, que no le duele la corrupción; lo que le duele es la pérdida del poder para repartirla; por eso pelean de la forma más baja y vulgar. No existe debate serio y altura en ese escenario.

Para ello acude a las noticias falsas, amañadas y descontextualizadas, aprovechando la ignorancia que padece este pueblo que en educación se raja, desde unas simples pruebas saber, y ni hablar de lo que pasa con el desconocimiento de la constitución y de la ley, que es atroz.

No falta el fascismo anticorrupción, que son ese grupúsculo de gente de altos recursos económicos, que sale histérico en elecciones, detrás de la máscara anticorrupción.

Pero eso es falso; salen detrás con su odio de clase, no porque les moleste que se roben los recursos de todos, sino porque los que eran pobres se volvieron ricos y se hicieron alcaldes, y usan la venganza para amainar su mediocridad, porque ellos siendo ricos con oportunidades, no fueron capaces.

No se molestan por la corrupción; eso es falso. Otros esconden su dolor porque ven consumidas sus esperanzas de un puesto, tras la lucha anticorrupción, pero mientras tuvieron el puesto, nunca dijeron nada.

Montones de perfiles falsos que como rufianes salen a atentar contra la dignidad humana, a amedrantar, a denigrar, en su gran mayoría, sin pruebas; y de hecho con la conciencia de estar delinquiendo y mintiendo desde sus enmascarados perfiles, justamente, por eso se esconden.

Cuando se llama a la población a asistir al Concejo, a la Alcaldía, a socializaciones, o capacitaciones, para detener actos de corrupción, la mayoría están ocupados, nunca pueden ir.

Pero es increíble la cantidad de tiempo que tienen para goterear en campañas, eventos y para asonadas por la pérdida del poder; ahí sí están dispuestos a interceptar buses, a amedrantar personas y destinan cualquier cantidad de tiempo diciendo sandeces y lo primero que se les viene a la cabeza, sin pensar, para ponerlo en redes sociales.

Nadie habla sobre lo que estudió y sobre lo que investigó frente a un acto de corrupción; hablan sobre lo que dijo la vecina, sobre lo que alguien publicó o difundió irresponsablemente en redes.

Difunden videos sobre el tema electoral, sin explicar cuál es el marco de ley, qué permite la norma, y qué no. El pueblo es un borrego de las emociones para el servicio de quienes se desquician por la pérdida del poder.

Un poder no para hacer de Cota un municipio bandera en calidad de vida, educación, cultura y ni qué decir de lo lejos que está de ser un pueblo donde el respeto a los derechos humanos y fundamentales es la norma.

Muy acucioso es el colombiano para levantar el dedo y señalar, pero poco o nada se mira al espejo, porque quizás eso podría resultar aún más espantoso.

En el ruido de las redes, nadie sabe escuchar y preguntar, que resulta más importante que hablar.

Gente adulta inescrupulosa dedicada a hacer “bullying” a quienes no votaron como ellos querían, y, luego, ¿con qué cara le enseñan a los niños y a los jóvenes a no hacerle acoso escolar a un compañero?

«Ciudadanos» de Cota amenazando, insultando, y lo peor, agrediendo físicamente y haciendo asonadas y arengas contra personas, sin pruebas, son el peor resultado que se haya visto después de un proceso electoral y que reclama a gritos la urgencia de la inversión en educación y cultura política.

Fue Cota, ayer, una exhibición bochornosa y nauseabunda de lo que hace que Colombia sea un país que no alcanza los valores humanos y éticos que le permitan alcanzar la paz.

 

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