La aparición de un ejemplar juvenil de oso de anteojos (Tremarctos ornatus) en las zonas rurales del municipio de Villapinzón, específicamente en el área limítrofe con Úmbita, Boyacá, ha generado una movilización sin precedentes por parte de las autoridades ambientales.
Durante las últimas semanas, los habitantes de la zona reportaron múltiples avistamientos en cercanías a sus propiedades, lo que inicialmente despertó temor y preocupación en la comunidad local.
Ante esta situación, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) ha intervenido para aclarar la naturaleza pacífica de este animal y establecer un protocolo de protección bajo el lema #CuidemosJuntosElMedioAmbiente.
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Un Visitante Inesperado, pero Natural: El Comportamiento del Oso Andino
El ejemplar identificado es un oso juvenil que ya ha completado su proceso de destete y se desplaza de manera solitaria, un comportamiento natural y saludable para su etapa de desarrollo, donde los jóvenes aprenden a navegar su territorio independientemente.
Los expertos de la CAR, tras realizar un monitoreo detallado, confirmaron que el animal se encuentra realizando actividades normales de forrajeo y alimentación, basándose principalmente en el consumo de especies nativas como el gaque, diversas bromelias y frutos silvestres.
Alfred Ignacio Ballesteros, director de la corporación, fue enfático al desmentir mitos rurales ampliamente difundidos: "Esta especie es fundamentalmente herbívora-frugívora; no posee instintos de caza de ganado.
Su dieta es mayoritariamente vegetal y no representa un riesgo para las especies pecuarias de la región. Su presencia es, de hecho, un indicador de la salud del ecosistema altoandino".
El Verdadero Conflicto: Prácticas Humanas que Alteran el Comportamiento Silvestre
Sin embargo, el riesgo de conflicto no surge del animal en sí, sino de prácticas humanas inadecuadas que alteran su conducta natural. La CAR detectó que en algunas veredas se abandonan cadáveres de animales domésticos en zonas boscosas, lo que atrae al oso en su condición de carroñero oportunista.
"Esta práctica, sumada a la entrega intencional de alimentos al oso, como frutas o residuos orgánicos, genera procesos de habituación peligrosos", advirtió Ballesteros.
"El oso comienza a asociar a los humanos con una fuente fácil de alimento, lo que incrementa exponencialmente la probabilidad de interacciones negativas y reduce su capacidad de supervivencia en estado silvestre".
Además, se hizo un llamado a recordar que la presencia del oso en estos sectores no es una invasión, sino el uso de su corredor biológico natural, un territorio que se ha visto drásticamente fragmentado y reducido por la expansión de la frontera agrícola y ganadera, forzando a la fauna a moverse por áreas más cercanas a los asentamientos humanos.
Estrategia de Convivencia: Monitoreo, Educación y Protección Legal
Para mitigar posibles incidentes y fomentar la coexistencia, la CAR, en colaboración con Corpochivor, ha diseñado una estrategia integral.
Esta incluye la instalación de una red de cámaras trampa de última generación para el monitoreo constante y no invasivo en los puntos de avistamiento, lo que permitirá rastrear sus movimientos y estado de salud.
Paralelamente, se llevarán a cabo jornadas de sensibilización puerta a puerta y talleres con los presidentes de las Juntas de Acción Comunal para promover la convivencia, las buenas prácticas ganaderas (como el manejo seguro de desechos) y el respeto por la fauna nativa.
La autoridad ambiental fue contundente al recordar que la caza, persecución o captura de este animal, catalogado como Vulnerable a la extinción, no solo pone en riesgo el equilibrio ecológico de los páramos y bosques andinos –donde actúa como "jardinero" dispersando semillas–, sino que constituye un delito ambiental sujeto a severas sanciones penales y económicas.







