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Desarrollo Rural: Sasaima estrena planta de transformación de cacao, un salto de la finca al chocolate gourmet

por: Redacción Cundinamarca

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Cundinamarca está escribiendo un nuevo capítulo en su historia agroindustrial con la puesta en marcha de una moderna planta de transformación de cacao en el municipio de Sasaima. Esta infraestructura, resultado de una alianza estratégica, representa un cambio de paradigma para cientos de productores rurales: les permite dejar atrás el rol de simples proveedores de grano crudo para ascender en la cadena de valor y convertirse en elaboradores de chocolate y derivados con un margen comercial significativamente mayor y un control total sobre la calidad de su producto final.

El proyecto es fruto de una inversión público-privada entre la Agencia de Comercialización de CundinamarcaAcoder (Agencia para la Competitividad y el Desarrollo) y Fedecacao. Equipada con tecnología de punta, la planta cuenta con maquinaria especializada para procesos clave como la tostión, molienda, refinado, conchado y temperado del chocolate. Su capacidad instalada le permite procesar hasta una tonelada métrica de cacao en grano por semana, abriendo las puertas a mercados formales exigentes, a programas de compras públicas (como el PAE) y, a futuro, a escenarios de exportación con valor agregado.

Sasaima: Una Ubicación Estratégica en el Corazón Cacaotero

La elección de Sasaima como sede no fue casual. El municipio fue seleccionado estratégicamente por su alta vocación y producción cacaotera histórica, con cultivos de alta calidad dispersos en sus veredas, y por su cercanía logística con el gigantesco mercado de consumo de Bogotá, a solo 90 minutos por carretera. Esta ubicación reduce costos de transporte para la materia prima y facilita la distribución del producto terminado hacia la capital y otras regiones.

“Esta planta es el eslabón que faltaba. Antes vendíamos el grano a intermediarios a un precio que no reflejaba su verdadero valor. Ahora, somos dueños del proceso desde el árbol hasta la tableta”, comenta Germán Rodríguez, productor de la vereda El Trébol y miembro de la asociación que operará la planta. El modelo de gestión contempla que sean las propias asociaciones de cacaoteros locales las que, con capacitación y acompañamiento, manejen la operación y comercialización, asegurando que la riqueza generada se quede en el territorio.

Un Modelo de Desarrollo Rural Sostenible y con Rostro Humano

Desde la Gobernación de Cundinamarca, el proyecto es presentado como la materialización de un modelo de desarrollo rural sostenible e inclusivo. Aquí, el campesino no es un espectador, sino el protagonista activo de toda la cadena productiva. El gobernador Jorge Emilio Rey ha señalado en repetidas ocasiones que “esta planta no solo genera ingresos; dignifica la labor del cacaotero al brindarle las herramientas y el conocimiento para competir, con productos terminados de alta calidad, en el mercado nacional”.

La sostenibilidad también tiene un pilar ambiental. Se promueve el uso de cacao cultivado bajo sistemas agroforestales (asociado con sombrío de plátano o maderables), que conservan el suelo y la biodiversidad. Además, se está trabajando en la obtención de sellos de calidad y denominación de origen que diferencien el chocolate de Sasaima en el mercado, destacando sus atributos de sabor y su historia campesina.

Más Allá del Chocolate: Oportunidades de Turismo y Conocimiento

La planta tiene un potencial que trasciende lo agroindustrial. Se proyecta como un polo de atracción para el turismo rural y de experiencia. Se planean recorridos guiados donde visitantes puedan conocer el proceso de transformación, desde el grano fermentado hasta el chocolate empacado, y participar en cataciones o talleres de elaboración de bombones.

Asimismo, se está consolidando como un centro de formación y transferencia de tecnología para productores de otros municipios cacaoteros de Cundinamarca. La meta es replicar el modelo, demostrando que es posible construir una economía rural próspera y moderna, donde el fruto de la tierra se convierta en un símbolo de identidad, calidad y progreso compartido. Con esta planta, Sasaima y Cundinamarca no solo hacen chocolate; están moldeando el futuro de su campo.