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“Leña del árbol caído”…

“Leña del árbol caído”…
agosto 05
20:09 2018
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A Antioquia y su gente hay que admirarlas por emprendedoras y solidarias, sin excusarles nada, pero tampoco estigmatizándolos en sus desgracias.

 

Opinión

Grupo GES

Caracol TV viene haciendo una serie de informes sobre el poscolapso de Hidroituango, la famosa represa en construcción de EPM que tiene en entredicho lo más valioso de los antioqueños al través de los tiempos: el orgullo paisa.

En el primer informe, el medio se concentró en el aspecto técnico de la portentosa obra y, el parte que se dio, es de tranquilidad, sino absoluta, al menos confiable en que lo peor, en ese aspecto, ya pasó.

El segundo informe de Caracol, relacionado con los damnificados de las poblaciones vecinas y familias ribereñas dentro de la influencia de la represa –lo que se conoce como el bajo Cauca–, deja más preocupación, porque los múltiples factores que se congregan en la alteración de la vida socioeconómica bajo cualquier circunstancia, nunca son recuperables a plenitud, después de los hechos sobrevinientes.

Normalizar una circunstancia humana es cuestión de paciencia, persistencia y confianza. Ojalá los medios sigan encendiendo los reflectores sobre este asunto a ver si las familias que están afectadas van recuperándose social y económicamente sin mucho trauma.

Bien por Caracol y bien por los otros medios que seguramente han tocado el tema desde esta perspectiva que, como lo señalamos en reciente editorial de El Satélite (07.06.2018) sobre la tragedia humana, “todos estamos rezando por la represa y pocos pensando en el futuro mediato de los damnificados” (ver enlace al final).

Mesura y objetividad

Solemos hacer leña del árbol caído, y más cuando se trata de Antioquia, región paradójicamente admirada y odiada a cuál más. Hace años, antes que el gélido de la Sabana, lo que primero tenía que vencer un antioqueño llegado a Bogotá, era la inquina natural que despertaba en la capital colombina (lo digo por experiencia propia).

Yo creía que era una cuestión superada. Pero viendo ciertas reacciones informativas sobre la tragedia de Hidroituango, creo que ese resquemor persiste en ciertas esferas que, inclusive, desearían que la superación de tamaña tragedia les cueste sangre, sudor y lágrimas a los antioqueños y, en particular, a su empresa insignia: EPM, la única empresa pública en Colombia que ha demostrado que desde la iniciativa del Estado también se puede hacer desarrollo económico con justicia social.

En ese sentido le he visto y leído algunas notas al brillante articulista que es el escritor, Álvarez Gardeazabal. Le cuesta trabajo disimular su inquina a los antioqueños, lo que resulta explicable bajo aquel dicho de que “no todos somos moneditas de oro” … Pero lo que no se puede hacer, no al menos bajo la perspectiva de un comentario objetivo es aventurar conceptos no validados por las circunstancias.

El hecho de que EPM haya salido a vender activos con el fin de tener un flujo de caja suficiente para enfrentar tamaña responsabilidad de recuperación técnica de las obras afectadas por la emergencia y proseguir con el desarrollo del proyecto; sin descuidar, además, la parte humana de la que hablamos arriba, no puede ser tomado como un acto de irresponsabilidad, y menos decir que esos activos se van a feriar “a precios de gallina vieja”.

En Chile, donde EPM hizo recientemente una de las inversiones más significativas en ‘Aguas de Antofagasta’, al conocer la decisión de vender se tiene otra idea:

(…)

“Justamente, y de acuerdo con fuentes de mercado, uno de los activos con proyección dentro de este paquete es Aguas de Antofagasta, sanitaria que adquirieron al grupo Luksic en 2015 y de la que podrían obtener alta rentabilidad, dados los buenos precios a los que se han comercializado firmas de esta industria en los últimos meses” (fuente: LTPULSO.com, ver enlace al final).

Alejados hace años del acontecer cotidiano de Antioquia, referidos solo a grandes o deslumbrantes acontecimientos, de vez en cuando nos damos un recorrido mediático por el departamento de la mano de Teleantioquia y algunos portales virtuales con quienes mantenemos contacto, y nos sigue pareciendo que los antioqueños conservan el ADN de una raza pujante que enfrenta sus problemas particulares y generales con decisión, no solo de tipo político sino, lo que es más importante, con sentido social.

A Antioquia y su gente hay que admirarlas por emprendedoras y solidarias, sin excusarles nada, pero tampoco estigmatizándolos en sus desgracias.

Ver

CHILE: EMPRESAS Y MERCADOS

HIDROITUANGO: LA TRAGEDIA HUMANA

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