Cundinamarca no celebra San Valentín, pero el mundo no podría celebrar San Valentín sin las flores de Cundinamarca. En la antesala de la gran festividad del amor en Estados Unidos y otros mercados internacionales, el departamento reafirma su liderazgo como corazón de la floricultura colombiana, con una participación del 71 % de las hectáreas cultivadas en todo el país.
La producción se distribuye estratégicamente en cinco municipios que concentran los mayores porcentajes de siembra: Madrid (18 %), Facatativá (9 %), El Rosal (8 %), Funza (5 %) y Tocancipá (5 %). Esta geografía de invernaderos y cultivos a cielo abierto no solo abastece los ramos que viajarán a decenas de países, sino que sostiene una estructura económica que genera 115.500 empleos directos, con una participación femenina cercana al 60 por ciento.
Las cifras del sector confirman la magnitud de la operación. Durante 2025, Cundinamarca despachó 60.000 toneladas de flores por vía aérea a través del Aeropuerto Internacional El Dorado, y más de 5.000 toneladas adicionales por vía marítima desde los puertos nacionales. Rosas, claveles y crisantemos encabezaron la lista de las especies más apetecidas, con Estados Unidos como principal destino al concentrar el 80 % del valor exportado, seguido por Canadá, Reino Unido, Países Bajos y Japón.
La Ruta de las Flores: una experiencia que va más allá del cultivo

En este contexto de liderazgo exportador, la Gobernación de Cundinamarca y los gremios floricultores han impulsado la Ruta de las Flores, una apuesta turística que invita a recorrer los municipios productores no solo para conocer los cultivos, sino para sumergirse en experiencias culturales, gastronómicas y naturales que históricamente han permanecido a la sombra de la vocación agroindustrial del territorio.
Madrid, el principal productor del departamento, ofrece una combinación de naturaleza y patrimonio. El Parque Pedro Fernández se consolida como un espacio para picnic y recorridos al aire libre, mientras que la Casa de la Cultura y el Museo La Herrera permiten un acercamiento a la historia prehispánica de la región, particularmente al período Herrera. La Ruta Ecoturística conecta senderos rurales y el Gastro Bar La Tertulia, ubicado en el centro histórico, propone una inmersión en la oferta gastronómica local.
Facatativá y El Rosal aportan una dimensión arqueológica y paisajística. En Facatativá, el Parque Arqueológico, los Caminos Reales y la Casa de la Cultura Abelardo Forero Benavides son paradas obligadas. El Rosal, por su parte, ha desarrollado una oferta de recorridos naturales que incluyen degustación de productos locales y experiencias gastronómicas tradicionales, muchas de ellas vinculadas a la cocina campesina.
Funza y Tocancipá complementan la ruta con planes al aire libre y atractivos de gran trayectoria. En Funza, el avistamiento de aves en el humedal La Florida y el recorrido por el centro histórico permiten conectar con la biodiversidad de la Sabana. Tocancipá, además de su producción floricultora, ofrece el Parque Jaime Duque, el Autódromo, el Museo Aeroespacial y la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, consolidando una oferta diversa que trasciende lo agroindustrial.
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El empleo femenino y la transformación del territorio
Detrás de cada tallo exportado hay manos que cortan, clasifican, embalan y cuidan. La participación de las mujeres en la floricultura cundinamarquesa ronda el 60 por ciento de la fuerza laboral directa, una cifra que no solo refleja oportunidades de empleo formal en regiones donde otras opciones son escasas, sino que ha reconfigurado dinámicas sociales y económicas al interior de los hogares.
El trabajo en los cultivos de flores ha sido históricamente uno de los principales motores de formalización laboral para mujeres en municipios de la Sabana. Muchas de ellas ingresaron al sector hace décadas como operarias de campo y hoy ocupan cargos técnicos, supervisores o administrativos. La estabilidad laboral, el acceso a seguridad social y la posibilidad de cualificación han convertido a la floricultura en un vehículo de movilidad social sostenido en el tiempo.
Este componente social es también parte de lo que la Ruta de las Flores busca visibilizar. No se trata únicamente de exhibir paisajes o degustar productos, sino de contar la historia de un territorio que construyó su vocación exportadora sobre la base del trabajo intensivo, la innovación tecnológica en invernaderos y una logística de precisión que permite que una rosa cortada en Madrid esté en un florero en Nueva York en menos de 48 horas.
Logística, exportaciones y proyección internacional
La temporada de San Valentín representa el pico más alto del año para el sector floricultor colombiano, y Cundinamarca asume el reto logístico con la precisión de una operación militar. Los cultivos intensifican su ritmo semanas antes de la fecha, ajustando podas y ciclos de crecimiento para que las flores alcancen su punto óptimo justo a tiempo para el viaje.
El Aeropuerto El Dorado se convierte durante febrero en una extensión de los invernaderos. Las 60.000 toneladas despachadas por vía aérea en 2025 representan un desafío de refrigeración, inspección fitosanitaria y coordinación con las aerolíneas. Las 5.000 toneladas adicionales enviadas por vía marítima, aunque menores en volumen, evidencian una diversificación de rutas que busca optimizar costos y ampliar la vida útil de las flores en mercados más distantes.
La proyección internacional del sector no muestra signos de desaceleración. Japón y Países Bajos, mercados tradicionalmente exigentes en términos de calidad y trazabilidad, continúan aumentando sus pedidos, mientras que Canadá y Reino Unido mantienen una demanda estable durante todo el año. En cada uno de estos destinos, las flores llevan impreso el sello de origen de municipios como Madrid, Facatativá, El Rosal, Funza y Tocancipá.
La Ruta de las Flores propone, en síntesis, un cambio de mirada: no solo ver a Cundinamarca como el lugar donde se cultivan las flores que el mundo compra, sino como un destino al que el mundo puede llegar para conocer de dónde vienen, quiénes las cultivan y qué más hay más allá de los invernaderos. Una invitación a recorrer el departamento con otros ojos, justo cuando San Valentín lo ilumina todo.

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