En el marco de la conmemoración del Día Mundial de los Humedales, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) hizo entrega oficial de un vivero especializado de 108 metros cuadrados de área construida en el humedal Gualí, ubicado en el municipio de Tenjo. Esta infraestructura ecológica fue diseñada con un propósito claro: fortalecer la restauración participativa y científica de este ecosistema estratégico, permitiendo la propagación controlada de especies nativas y vegetación acuática esenciales para su rehabilitación, como el junco y la enea.
El vivero, construido con materiales sostenibles y bajo principios de bioclimática, cuenta con zonas diferenciadas para la preparación de sustratos, la propagación de esquejes y semillas, y el crecimiento y endurecimiento de las plántulas antes de su siembra definitiva en el humedal. Se convierte así en un laboratorio vivo y una aula ambiental a cielo abierto, donde la comunidad, los estudiantes y los investigadores podrán interactuar directamente con los procesos de recuperación ecológica. En la jurisdicción de la CAR existen cerca de 250 humedales que ocupan más de 13.000 hectáreas, siendo el Gualí uno de los prioritarios por su valor paisajístico y como hábitat de aves migratorias.
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Recuperación de Humedales y Alianza Global
En los últimos dos años, la CAR ha intervenido de manera activa más de 50 hectáreas de humedales con una inversión total que supera los $16.000 millones de pesos. Estas labores integrales incluyen no solo la revegetalización, sino también el retiro mecánico y manual de especies invasoras que ahogan los cuerpos de agua. En el humedal Gualí, por ejemplo, se han removido aproximadamente 17.000 metros cúbicos de buchón de agua, una planta flotante que se reproduce rápidamente y reduce el oxígeno disponible, mejorando así la calidad y circulación del recurso hídrico y permitiendo el regreso de la vida acuática nativa.
Alfred Ignacio Ballesteros, director general de la CAR, destacó durante la inauguración que estas acciones garantizan no solo la protección de polinizadores y fauna asociada, sino que también fomentan el turismo de naturaleza responsable. "Un humedal sano es un imán para el avistamiento de aves, la educación ambiental y el esparcimiento sano de las familias. Estamos invirtiendo en infraestructura verde que genera beneficios ambientales, sociales y económicos", afirmó Ballesteros.
La entidad también adelanta una alianza estratégica con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) por un valor de $8.000 millones de pesos, destinados a beneficiar directamente a organizaciones comunitarias y ambientales que realizan labores de cuidado y vigilancia de humedales en 22 municipios de la jurisdicción CAR. Además, se han suscrito convenios específicos con Juntas de Acción Comunal para fortalecer la gobernanza ambiental local, empoderando a los habitantes como veedores y guardianes de estos ecosistemas.
Ciencia Participativa y Legado Ambiental
El vivero del Gualí, un proyecto emblemático de la Corporación Autónoma Regional, está concebido como un espacio dinámico de ciencia participativa.
Este modelo busca trascender la observación pasiva, invitando a la comunidad a involucrarse de manera directa y significativa en procesos ambientales clave. Los ciudadanos podrán sumarse a actividades prácticas fundamentales, tales como el control de la erosión litoral mediante técnicas de bioingeniería, la recolección de semillas de especies nativas para asegurar el material genético local, y la recuperación de franjas de amortiguación críticas para la salud de los ecosistemas acuáticos.
Con esta obra, la CAR no solo inaugura una infraestructura, sino que reafirma solemnemente su compromiso de 65 años con el territorio, un legado dedicado a proteger y restaurar los servicios ecosistémicos esenciales que brindan los humedales.
Estos servicios, pilares de la vida, incluyen la regulación hídrica para prevenir inundaciones y sequías, la purificación natural del agua, el ser un reservorio invaluable de biodiversidad y su papel crucial en la mitigación del cambio climático a través del secuestro de carbono. Así, cada plántula germinada y cada árbol producido en este vivero representan mucho más que un individuo vegetal; simbolizan un paso concreto y esperanzador en la tarea titánica y colectiva de tejer nuevamente el paisaje natural fragmentado de la sabana, restaurando su memoria ecológica y su resiliencia para las futuras generaciones.
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