En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la Gobernación de Cundinamarca y la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación exaltaron el liderazgo de investigadoras, académicas y referentes científicas que han consolidado al departamento como un territorio de conocimiento, innovación y desarrollo tecnológico. Detrás de los páramos, los laboratorios y los observatorios astronómicos hay nombres propios femeninos que abrieron caminos y continúan construyendo legado.
El departamento cuenta con referentes históricos como Ángela Camacho Beltrán, primera colombiana en obtener un doctorado en Física, cuya trayectoria abrió paso a nuevas generaciones de científicas en el país. Su paso por la academia y la investigación marcó un hito en una disciplina tradicionalmente dominada por hombres, y su nombre sigue siendo invocado cada vez que una niña cundinamarquesa manifiesta su deseo de estudiar el universo.
A este legado se suma Brigitte Baptiste, reconocida internacionalmente por su aporte técnico en la gestión ambiental de ecosistemas estratégicos como los páramos de Chingaza y Sumapaz. Su trabajo ha sido determinante para la comprensión de estos territorios de alta montaña, fundamentales para la regulación hídrica de Bogotá y los municipios aledaños. Baptiste no solo ha contribuido desde la investigación, sino que ha ejercido un liderazgo visible en la defensa de la biodiversidad y la incorporación del enfoque de género en las ciencias ambientales.
Adriana Ocampo y la conexión NASA-Cundinamarca

En el escenario internacional, Adriana Ocampo Uría, ejecutiva de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), ha tejido un puente permanente entre la agencia espacial y el departamento. Ocampo acompaña como madrina los observatorios astronómicos de Zipaquirá y los clubes de ciencia en Mosquera, acercando la exploración espacial a niñas, niños y jóvenes cundinamarqueses.
Su rol no es meramente simbólico. A través de videoconferencias, visitas y asesorías, Ocampo ha impulsado la formación de semilleros astronómicos y ha animado a estudiantes de municipios rurales a postularse a programas internacionales de divulgación científica. Para muchas niñas de la Sabana, ver a una colombiana en los pasillos de la NASA ha sido el primer indicio de que la ciencia no tiene fronteras geográficas ni de género.
La relación con la NASA no termina allí. Jóvenes investigadoras de Soacha, vinculadas a semilleros de robótica, han representado al departamento en actividades académicas desarrolladas en colaboración con la agencia espacial. Estos encuentros, que combinan programación, ingeniería básica y exploración planetaria simulada, han demostrado que el talento científico también florece en contextos de alta complejidad social.
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Investigación con arraigo territorial
La producción científica en Cundinamarca no depende exclusivamente de figuras con proyección internacional. En el Centro de Investigación Tibaitatá, ubicado en Mosquera, la científica Sandra Patricia Montenegro lidera procesos de biotecnología agropecuaria enfocados en mejorar la productividad rural. Su trabajo se concentra en el desarrollo de bioinsumos y en la optimización de cultivos estratégicos para la seguridad alimentaria del departamento.
Montenegro representa a una generación de investigadoras que han optado por desarrollar sus carreras en instituciones locales, alejadas de los centros de poder académico concentrados en Bogotá. Tibaitatá, dependiente de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), se ha convertido en un polo de innovación donde la ciencia dialoga directamente con las necesidades de los productores.
En la sede Fusagasugá de la Universidad de Cundinamarca, Luz Marina Lizarazo dirige estudios en microbiología de suelos con impacto ambiental y agrícola. Sus investigaciones han permitido identificar microorganismos benéficos para la recuperación de suelos degradados por monocultivos y han aportado conocimientos aplicables a la producción limpia en la provincia del Sumapaz. Lizarazo combina la docencia con la investigación aplicada, formando a nuevas generaciones de biólogas e ingenieras agrónomas.
Voces con ciencia: sembrar vocaciones desde la infancia

La Gobernación de Cundinamarca ha identificado una brecha persistente: aunque las mujeres participan activamente en la investigación, su presencia disminuye drásticamente en los niveles más altos de la carrera académica y en áreas como la física teórica, la ingeniería aeroespacial y las ciencias de la computación. Para contrarrestar esta tendencia, la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación impulsa dos programas estratégicos.
Apropiación Social del Conocimiento busca acercar los lenguajes científicos a comunidades escolares mediante talleres, ferias y laboratorios móviles. No se trata de formar científicas profesionales a los diez años, sino de desmitificar la ciencia y presentarla como una actividad accesible, creativa y profundamente humana.
Voces con Ciencia, por su parte, está específicamente orientado a ampliar la participación de niñas y adolescentes en procesos formativos en tecnología e investigación. El programa conecta a estudiantes de municipios con baja oferta educativa en áreas STEM con mentoras que ya recorrieron ese camino. Una niña de Pacho que sueña con construir robots puede encontrar en este programa a una ingeniera electrónica que creció en su misma vereda.
Estas iniciativas reconocen que la vocación científica no emerge espontáneamente: necesita referentes, oportunidades y entornos que validen la curiosidad como una virtud. En un país donde la inversión en ciencia sigue siendo marginal y donde las niñas suelen ser socializadas para alejarse de la tecnología, programas como estos operan como una forma de reparación histórica.
El panorama que Cundinamarca exhibe en este Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es, sin duda, prometedor. Hay páramos investigados por mujeres, laboratorios dirigidos por mujeres, telescopios orientados por mujeres y aulas donde las niñas ya no preguntan si pueden ser científicas, sino qué tipo de científicas quieren ser. Pero el departamento también sabe que el camino es largo y que cada nueva generación deberá empujar sus propias fronteras. La ciencia, como los páramos, se defiende cuidando a quienes la habitan.
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