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Familia dedicada a entrenar jíbaros fue capturada en Bogotá

Familia dedicada a entrenar jíbaros fue capturada en Bogotá
diciembre 28
13:08 2018
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En operativos de la Fiscalía General de la Nación y el Ejército Nacional se logró la desarticularon la red delincuencial dedicada a la venda de droga en entornos educativos y zonas residenciales de la localidad Rafael Uribe Uribe. 

 

Con la captura de nueve personas, entre ellas los cabecillas, quienes habrían reclutado a más de 30 expendedores de estupefacientes,se dio fin a las operaciones de la familia Suancha.

Los análisis y acciones judiciales puestas en marcha por la Fiscalía General de la Nación contra el tráfico local de estupefacientes, y la oportuna denuncia ciudadana que ha alertado sobre el incremento de fenómenos delincuenciales en entornos educativos y zonas residenciales, permitieron identificar una maniobra ilegal utilizada por una estructura criminal para extender sus líneas de distribución de droga en Bogotá.

En la localidad Rafael Uribe Uribe, en el sur de la ciudad, una red de traficantes, conformada en su mayoría por personas de una misma familia, se habría dedicado a reclutar jóvenes consumidores de estupefacientes, adultos mayores, habitantes de calle y desempleados para enseñarles los diferentes métodos de camuflaje de las sustancias, las zonas de venta, la identificación de potenciales clientes y la cantidad exacta de debían portar para pasar como consumidores y no ser capturados por las autoridades.

Operativos

Vigilancias, seguimientos y otras técnicas de policía judicial evidenciaron que el denominado Clan de los Suancha alcanzó a agrupar algo más de 30 expendedores que, luego de superar una etapa de entrenamiento y confianza, invadían parques, zonas comerciales y residenciales, y los alrededores de dos instituciones educativas públicas de la localidad.

La comercialización de la droga se hacía a plena luz del día, en lugares de alta concurrencia y frente a niños. En varios videos obtenidos por agentes encubiertos se constató que los jefes de las líneas de distribución entregaban las dosis en compañía de sus hijos, algunos de dos, cinco y nueve años de edad, quienes se comportaban como si lo que ocurría en su entorno fuera un juego.

Los investigadores del CTI que durante dos años le siguieron la pista al Clan de los Suancha, constataron que los cabecillas de la organización compensaban los servició ilícitos con estupefaciente, a cada jíbaro le entregaban diariamente cinco papeletas de bazuco y nunca les hacían pagos en dinero.

Otro de los elementos descubiertos en el curso de las investigaciones está relacionado con el constante movimiento de los expendedores, que no permanecían en un mismo lugar y, en muchos casos, tomaban casas en arriendo por un mes, las convertían temporalmente en centros de acopio de las sustancias y luego se trasladaban a otro inmueble. Estas maniobras para evadir a las autoridades serían financiadas por los jefes del clan familiar.

 

Con información de Fiscalía General de la Nación.

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