lunes, 16 febrero de 2026
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Transformación del Río Bogotá: 15 Años de Blindaje contra Inundaciones y Recuperación Ecológica

por: Redacción Cundinamarca

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El paisaje de la Sabana de Bogotá narra hoy una historia de resiliencia y transformación. Mientras las lluvias intensas, propias de la actual temporada invernal en la zona Andina, descargan volúmenes de agua que superan los registros históricos, el río Bogotá fluye con una contención que parecía imposible hace quince años.

Este cambio radical no es producto de la casualidad, sino el resultado tangible de una ambiciosa y rigurosa intervención de ingeniería y planeación ambiental: el Megaproyecto de adecuación hidráulica ejecutado por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) entre los años 2013 y 2017.

La memoria colectiva aún recuerda las devastadoras inundaciones de antaño, cuando el desbordamiento del cauce anegaba extensas áreas productivas y ponía en riesgo a comunidades enteras. Hoy, ese escenario de tragedia ha sido reemplazado por uno de control y armonía con el ciclo natural del agua.

Río Bogotá: Una Obra de Ingeniería con Visión de Estado

El director general de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, subraya que este éxito es fruto de una "decisión de Estado", ejecutada con una disciplina técnica incuestionable y una visión de largo plazo. La magnitud de la obra es elocuente.

El proyecto abarcó aproximadamente 70 kilómetros de la cuenca media del río, trazando una línea de defensa desde las compuertas de Alicachín en Sibaté hasta el Puente La Virgen en Cota. La intervención central consistió en una dramática ampliación del cauce principal, el cual pasó de un promedio de 30 metros a unos robustos 60 metros de ancho.

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Para lograr esta expansión, fue necesaria una compleja labor de adquisición de más de 600 hectáreas de terrenos aledaños al río, un proceso que garantizó el espacio vital necesario para que las crecientes encontraran un cause sin violencia.

Pero la obra no se limitó a ensanchar el río. La ingeniería se inspiró en la propia naturaleza para crear sistemas de disipación de energía. A lo largo del tramo intervenido, se diseñaron e implementaron meandros controlados y una serie de islas artificiales estratégicamente ubicadas.

Estas estructuras cumplen una función crucial: actúan como zonas de amortiguación y reposo para el agua durante los picos súbitos de caudal, permitiendo que la fuerza hidráulica se redistribuya de manera gradual y segura, evitando la erosión violenta de las riberas.

Complementariamente, se llevó a cabo una extensa labor de construcción, reforzamiento y movimiento de jarillones, esos diques de tierra que funcionan como la última barrera de contención, asegurando que el afluente mantenga un rumbo predeterminado y controlado, lejos de viviendas y cultivos.

Limpieza Histórica y Mantenimiento Preventivo

La fase inicial del proyecto implicó una titánica tarea de limpieza y descontaminación. Se retiraron cerca de 12 millones de metros cúbicos de sedimentos y basura acumulada durante décadas, devolviéndole al río su capacidad hidráulica.

Esta labor de mantenimiento no fue un esfuerzo aislado; en el año 2025 se ejecutaron nuevos trabajos preventivos para garantizar la fluidez permanente del cauce ante los patrones impredecibles del cambio climático.

Los estudios técnicos del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER) confirman el impacto positivo: se ha registrado una reducción significativa del nivel de riesgo de inundación en numerosas zonas que antes estaban catalogadas con amenaza alta y media.

La percepción social sobre el río ha mutado; ya no es visto como una amenaza latente, sino como un elemento integrado al territorio.

De Infraestructura Gris a Corredor Ecológico y Social

El proyecto trasciende la mera infraestructura gris. El corredor del río Bogotá se ha convertido en un ejemplo de recuperación ambiental y espacio público. Donde antes había desorden y riesgo, hoy se despliega un corredor ecológico de gran valor.

Un parque lineal serpentea junto al agua, ofreciendo senderos peatonales y ciclorrutas para el esparcimiento ciudadano. Se han creado espacios de paisajismo con vegetación nativa, y se han habilitado embarcaderos que fomentan la navegación recreativa y el turismo de bajo impacto.

Ballesteros puntualiza que estos logros integrales son una lección poderosa: demuestran que es posible y necesario invertir con una planeación rigurosa, con un enfoque en la prevención antes que en la remediación de desastres, y sobre todo, con continuidad en las políticas públicas. El río Bogotá, otrora símbolo de degradación, es hoy un testimonio de que la transformación ambiental es una apuesta ganadora para el futuro de la región.

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