En la constante batalla por descongestionar a Bogotá, algunas obras se convierten en puntos de quiebre estratégicos.
El paso deprimido de la calle 100 con avenida Suba es, sin duda, uno de ellos. Esta megaestructura de ingeniería civil, una de las intervenciones más críticas y complejas para la movilidad del noroccidente de la ciudad, muestra hoy un progreso físico y financiero alentador: ha alcanzado el 66 % de su ejecución global.
Según el último reporte del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), la obra, que enfrentó etapas iniciales particularmente desafiantes por las excavaciones profundas en un suelo complicado y la necesidad de mantener el tráfico superficial, se ha acelerado notablemente en los últimos meses.
De hecho, ha registrado un avance de 20 puntos porcentuales desde el inicio de la actual administración distrital, lo que refleja una gestión focalizada, una mejor coordinación interinstitucional y una ejecución financiera ágil que ha permitido destrabar cuellos de botella y mantener el ritmo de trabajo en uno de los cruces semafóricos más conflictivos y lentos de toda la capital, famoso por sus embotellamientos que se extienden por cuadras en todas las direcciones en horas pico.
Bogotá: Estructura exclusiva para TransMilenio que aliviará un cuello de botella
La función de esta obra es clara y especializada: es una estructura subterránea de concreto reforzado de gran envergadura, diseñada de manera exclusiva para el sistema TransMilenio.
Su objetivo es eliminar el conflicto en el cruce a nivel, permitiendo una conexión bidireccional fluida y sin semáforos entre las rutas del norte (por la Autopista Norte y la calle 100) y el oriente (por la avenida Suba y la carrera 68), y un sentido único norte-sur.
Actualmente, cuando un bus de TransMilenio debe girar en este cruce, se mezcla con el tráfico particular, generando demoras de hasta 15 minutos solo en este punto. Al segregar completamente el tránsito de los buses, se liberará de cuellos de botella a todo el sistema en esta zona neurálgica.
En la fase actual, los ingenieros y cientos de obreros se concentran en la construcción de las pantallas de concreto reforzado (muros de contención profundos), vigas corona y tensoras.
Estas son técnicas de ingeniería geotécnica avanzada, necesarias para garantizar la estabilidad estructural del terreno durante las excavaciones de gran profundidad (que superan los 12 metros en algunos puntos), todo ello sin interrumpir el tráfico vehicular mixto de más de 100.000 vehículos al día que continúa fluyendo en la superficie por calzadas provisionales, un reto de ingeniería de tráfico en sí mismo.
Componente integral: Espacio público, zonas verdes y ciclorruta
La visión del proyecto trasciende la ingeniería de transporte; es una intervención urbana integral que busca compensar y mejorar el entorno.
Por ello, además de la infraestructura subterránea para buses, el proyecto incluye, como componente de mitigación y mejoramiento, la entrega de 25.000 m² de espacio público totalmente renovado en superficie.
Esto incluye la ampliación y repavimentación de andenes con materiales de alta calidad, la instalación de nuevo mobiliario urbano (bancas, papeleras, iluminación LED) y la reorganización de las rutas peatonales para hacerlas más seguras y directas.
Se crearán 4.000 m² de nuevas zonas verdes con arborización adecuada (principalmente en los separadores viales y esquinas), y se construirá una nueva ciclorruta de 1,15 kilómetros de longitud que mejorará la conectividad para los ciclistas de la zona, uniéndose a la red de la calle 100.
Según el director del IDU, Orlando Molano, la meta técnica y operativa, siempre sujeta al comportamiento de las condiciones del suelo y climáticas, es que el sistema de buses entre en operación comercial en este punto durante el primer trimestre de 2027.
Su puesta en marcha marcará un cambio definitivo y positivo en la conexión entre la troncal de la avenida 68 y la densa zona norte de la ciudad, mejorando la confiabilidad y velocidad de todo el corredor Américas-68.
Parte esencial del Corredor de la Avenida 68
Este avance notable no es un proyecto aislado; es una pieza fundamental y quizás la más compleja del Grupo 8 dentro del macroproyecto de modernización del corredor de la avenida 68.
Esta obra de gran escala, una de las prioritarias para el Distrito, busca modernizar por completo la red troncal occidental de Bogotá, la cual presenta severos problemas de capacidad, estado de la vía y experiencia de usuario.
El paso deprimido de la 100 con Suba es el engranaje clave para destrabar el flujo en el extremo norte de este corredor.
El objetivo final del proyecto integral es múltiple: mejorar radicalmente los tiempos de viaje de más de un millón de usuarios diarios, transformar positivamente el entorno urbano de los barrios aledaños con espacio público de calidad, e integrar de manera inteligente y segura la infraestructura de transporte masivo eficiente con espacios de recreación, esparcimiento y movilidad sostenible para peatones y ciclistas.
Se trata, en esencia, de un ejemplo de desarrollo urbano integral donde la movilidad no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir una ciudad más conectada, habitable y con mayor calidad de vida para todos sus habitantes.







