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Bogotá: Tras 15 años de espera, el Corredor de la Séptima entra en fase de ejecución

por: Redacción Cundinamarca

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La historia del Corredor de la Carrera Séptima en Bogotá es la crónica de un proyecto largamente anhelado y postergado, un símbolo de los desafíos de planificar y ejecutar obras de gran envergadura en Bogotá.

Tras sortear una compleja y prolongada red de obstáculos que incluyó retrasos técnicos en los diseños, litigios judiciales por licitaciones, trámites administrativos interminables y, sobre todo, enormes dificultades en la adquisición de los predios necesarios, el emblemático proyecto ha finalmente recibido la luz verde definitiva.

El director del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), Orlando Molano, anunció oficialmente que la construcción iniciará a finales de enero de 2026, luego de que el Distrito superara el requisito mínimo crítico exigido por la ley: alcanzar y sobrepasar el 80 % de adquisición predial en el tramo norte (calles 100 a 200).

Este hito legal, que había frenado de manera recurrente el inicio de las obras en al menos tres administraciones anteriores, representa la llave que desbloquea una de las inversiones en movilidad más importantes de la última década en la capital, poniendo fin a 15 años de espera, promesas y frustraciones para los ciudadanos del norte y oriente de la ciudad.

Inversión billonaria para un eje de movilidad eléctrica integral

El proyecto, con una inversión pública que supera los $1,8 billones de pesos, no es una simple ampliación de vía; es una transformación integral que busca convertir la carrera Séptima entre las calles 24 y 200 en un eje modelo de movilidad sostenible, moderno y multimodal.

El plan maestro, rediseñado y optimizado a lo largo de los años, contempla la construcción de 23 ecoestaciones climatizadas y completamente accesibles, 24 kilómetros de ciclorruta segregada y señalizada en ambos sentidos, 16 plazas-alamedas que funcionarán como nuevos nodos de encuentro ciudadano y espacio público de calidad, y un patio-portal eléctrico de más de 80.000 m², una ciudadela dedicada al mantenimiento, lavado, carga nocturna y operación de la futura flota de buses cero emisiones.

El impacto esperado en la calidad de vida y la productividad de los bogotanos es drástico: los estudios de modelación de tráfico más recientes estiman que el tiempo promedio de viaje en transporte público a lo largo de todo el corredor se reducirá de 63 a apenas 23 minutos, lo que representa una mejora de eficiencia del 58 %. Esto significa recuperar horas valiosas al día para miles de personas, reduciendo el estrés y mejorando la competitividad de la ciudad.

Ejecución por grupos y cronograma acelerado

Dada la magnitud de la obra y la necesidad de minimizar el caos vial, la ejecución física se realizará de manera ordenada, por grupos de trabajo predefinidos.

El cronograma, ahora firme, establece que el Grupo 1 (comprendido entre las calles 100 a 127) será el primero en intervenirse, con movilización de maquinaria a finales de enero. Le seguirá el Grupo 3 (calles 183 a 200), cuyo inicio está programado para marzo.

Finalmente, el Grupo 2 (el tramo más extenso, de la calle 127 a la 182) entrará en obra en abril, una vez se hayan finalizado los complejos trabajos de reubicación de redes de servicios públicos (acueducto, alcantarillado, gas, energía de alta tensión y fibra óptica) en ese sector, los cuales requieren una coordinación milimétrica con múltiples empresas de servicios.

Es importante destacar que el tramo sur, correspondiente a la localidad de Chapinero (calles 24 a 100), continuará en una pausa técnica por ahora, a la espera de la culminación de los diseños definitivos ajustados y, crucialmente, de la culminación de la gestión predial restante en esa zona, que es la más densa y compleja de toda la traza.

Solución estructural a un problema histórico de movilidad

Para el concejal y presidente de la Comisión de Planeación, Juan David Quintero, este inicio no es solo el arranque de una obra, sino "la solución estructural y definitiva al trancón histórico de la Séptima", una vía que se ha convertido en sinónimo de congestión y lentitud.

El concejal señaló que el proyecto trasciende lo meramente vial; es un poderoso catalizador de renovación urbana integral para el norte de Bogotá.

No solo moverá personas de manera eficiente, sino que rediseñará el espacio público con la inclusión de 4.388 árboles nativos en un plan de silvicultura urbana, sistemas de drenaje sostenible que mitiguen inundaciones, y la recuperación masiva de espacio para el peatón y el ciclista.

Con este cronograma finalmente en marcha, Bogotá entra en un inevitable y necesario "modo obra" que busca saldar una deuda histórica de movilidad, modernidad, sostenibilidad y equidad con los ciudadanos del oriente y el norte de la capital, prometiendo cambiar para siempre la forma de moverse, conectar y vivir esta arteria vital, y sentando un precedente para futuras intervenciones de transporte masivo limpio en la ciudad.