lunes, 23 febrero de 2026
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Después de seis años de retraso, Bogotá recupera tramo clave en la avenida Laureano Gómez para salir hacia el norte

por: Redacción Cundinamarca

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Después de cerca de seis años de obras inconclusas y múltiples anuncios incumplidos, Bogotá recuperó un tramo estratégico para la movilidad del norte de la ciudad. El Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) puso en funcionamiento el costado occidental de la avenida Laureano Gómez, entre las calles 170 y 183, una apertura que representa un alivio histórico para conductores, ciclistas y peatones que a diario transitan por este corredor.

La habilitación comprende 1,3 kilómetros de vía con tres carriles de circulación en sentido norte-sur, a los que se suman 1,3 kilómetros de ciclorruta y más de 15.000 metros cuadrados de espacio público totalmente renovados. La intervención no solo mejora la fluidez vehicular, sino que recupera entornos urbanos deteriorados por el abandono y la falta de mantenimiento.

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Barrios como San Antonio, Tibabita, Villa de Aranjuez y Verbenal están entre los principales beneficiados. Según estimaciones oficiales, algunos trayectos que hoy superan los 45 minutos en horas pico podrían reducirse hasta en 30 minutos, especialmente en la salida hacia el norte y la conexión con municipios vecinos como Chía, Sopó y Cajicá.

Un corredor que vuelve a tomar forma después de años de espera

La historia de este tramo es la historia de muchas obras inconclusas en Bogotá: promesas, contratiempos, suspensiones y una espera que parecía no tener fin. Durante seis años, los residentes del sector convivieron con escombros, desvíos, señalización provisional y una sensación generalizada de abandono institucional.

Hoy, con la vía habilitada, el panorama es otro. Los tres carriles en sentido norte-sur operan con normalidad, la ciclorruta ha comenzado a ser utilizada por cientos de biciusuarios y el espacio público recuperado se convierte en escenario de encuentro comunitario. Aunque el tramo ya está en servicio, la obra completa continúa en ejecución y se espera que finalice en el primer semestre de 2026.

El proyecto total, que se extiende hasta la calle 193, supera los $156 mil millones de inversión y contempla no solo infraestructura vial, sino también la reubicación de redes de servicios públicos, mobiliario urbano, iluminación LED y vegetación nativa en separadores y zonas blandas.

Impacto en la movilidad y calidad de vida

Más de un millón de personas se beneficiarán directa e indirectamente con esta apertura. No se trata únicamente de quienes habitan en Usaquén, sino de los miles de ciudadanos que a diario ingresan o salen de Bogotá por el norte, así como de los trabajadores, estudiantes y comerciantes que dependen de este corredor para desarrollar sus actividades.

La reducción en los tiempos de desplazamiento tiene efectos concretos en la calidad de vida: menos estrés, más tiempo disponible para la vida familiar y productividad, y una disminución en las emisiones de gases contaminantes generadas por el tráfico vehicular detenido.

Además, la puesta en funcionamiento de este tramo descongestiona vías alternas como la autopista Norte y la carrera 7, que históricamente han soportado una presión desmedida por la falta de opciones viales en el sector. Con la apertura de la avenida Laureano Gómez, se consolida un sistema de movilidad más equilibrado y resiliente.

El reto de mantener el ritmo

Aunque la habilitación de este tramo es motivo de celebración, las autoridades han sido cautelosas al señalar que aún queda trabajo por delante. La obra completa deberá estar terminada en los próximos meses, y con ella, los compromisos de espacio público, zonas verdes y conectividad peatonal que aún están pendientes.

El IDU ha anunciado que mantendrá frentes de trabajo activos en el sector y que los cierres temporales continuarán siendo necesarios para culminar los detalles finales. No obstante, el mensaje para la ciudadanía es claro: después de años de retraso, Bogotá comienza a recuperar el tiempo perdido.

Esta apertura se suma a otras intervenciones recientes en el norte de la ciudad que buscan poner al día una infraestructura que durante décadas creció de manera desordenada y sin planificación. La avenida Laureano Gómez, concebida originalmente como una vía de conexión metropolitana, empieza a cumplir su promesa.

Una ciudad que avanza, aunque tarde

Los habitantes de Usaquén saben bien lo que significa esperar. Durante seis años vieron cómo las obras avanzaban a trompicones, cómo los plazos se vencían sin resultados y cómo las administraciones pasaban sin resolver el problema.

Hoy, con el asfalto fresco y los carriles demarcados, la sensación es agridulce. Por un lado, el alivio de ver la vía finalmente abierta. Por otro, la certeza de que no debería haber tomado tanto tiempo.

La habilitación del costado occidental de la avenida Laureano Gómez entre calles 170 y 183 es, ante todo, una lección. Una lección sobre el costo de la ineficiencia, pero también sobre la posibilidad de rectificar el rumbo.

Mientras tanto, los operarios continúan trabajando más al norte, donde la vía aún espera su prolongación hasta la calle 193. Y los vecinos, con la cautela de quien ha sido defraudado muchas veces, observan con atención.

El corredor está abierto. La ciudad avanza. Pero la deuda con el norte de Bogotá aún no termina de saldarse.

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