La Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) presentó un balance técnico del año 2025 que puede calificarse de excepcional, marcado por tres logros fundamentales que fortalecen la seguridad hídrica de la capital y la región.
En un contexto global de cambio climático y estrés por el agua, estos hitos no son producto de la casualidad, sino del manejo prudente de los recursos, la inversión en infraestructura y, crucialmente, de la respuesta positiva de la ciudadanía a las campañas de ahorro.
El informe revela cómo Bogotá logró sortear una sequía histórica y encarar el futuro con un colchón de reservas más robusto.
El primer y más destacado hito está en las montañas de Chingaza. El sistema Chingaza, responsable de suministrar alrededor del 70% del agua que consume Bogotá, cerró el 2025 registrando las mayores afluencias de los últimos 28 años para el período comprendido entre abril y diciembre.
Después de un 2024 que pasó a la historia como el año más seco desde que se tienen registros, con un caudal medio de afluencia al embalse de Chuza de apenas 8,77 m³/s, la naturaleza dio un giro dramático.
En 2025, el promedio se disparó a 13,65 m³/s, superando con creces el promedio multianual de 11,87 m³/s. Este repunte hídrico, atribuido a un año particularmente lluvioso, fue la inyección de vida que necesitaba el sistema.
Chuza se recupera: Un colchón de 28.8 millones de metros cúbicos extra
Este comportamiento climático favorable, sumado a las restricciones y medidas de ahorro implementadas desde mediados de 2024 (como la sectorización y las campañas de uso eficiente), tuvo un efecto acumulativo extraordinario.
El embalse de Chuza, el corazón del sistema, no solo detuvo su descenso alarmante, sino que inició el año 2026 con un volumen de agua almacenado que está por encima de su curva guía de operación.
En términos concretos, esto significa que la ciudad cuenta con un excedente o "colchón" de aproximadamente 28,8 millones de metros cúbicos adicionales de agua reservada.
Este volumen extra es una salvaguarda crítica para la transición hacia el próximo año hidrológico y proporciona un margen de maniobra ante eventuales periodos secos.
El tercer dato revelador del balance es el del consumo estable. Durante 2025, el consumo promedio de agua en Bogotá se situó en 17,03 m³/s. A simple vista, esta cifra es similar a la de 2023.
Sin embargo, hay un matiz de enorme importancia: hoy, la EAAB atiende a cerca de 200.000 usuarios nuevos más que hace dos años.
Esto implica que, a pesar de tener una población significativamente mayor, la ciudad logró mantener un nivel de consumo estable.
"Esto es un indicador claro de que la cultura del ahorro de agua se está instalando en los hogares y empresas bogotanas", explicó un vocero de la gerencia técnica.
El llamado permanente: El ahorro debe ser un hábito, no una emergencia
La empresa fue clara en señalar que, a pesar del respiro dado por las lluvias, no se puede bajar la guardia. El fantasma de la sequía de 2024 sigue presente, y los modelos climáticos predicen una mayor variabilidad e intensidad en los fenómenos de El Niño y La Niña.
Por ello, el mensaje final del balance es contundente: las medidas de uso eficiente del agua, como reducir el tiempo de la ducha, reparar fugas, usar lavadoras a carga completa y cerrar la llave mientras se enjabonan los platos, deben transcender la coyuntura de crisis y convertirse en un hábito permanente y consciente.
La seguridad hídrica de Bogotá, concluye el informe, es una tarea compartida entre la robustez de la infraestructura, la gestión técnica y el comportamiento responsable de más de 8 millones de ciudadanos.
Los tres hitos de 2025 son una buena noticia, pero también un recordatorio de la fragilidad del recurso y la necesidad de cuidarlo todos los días.







