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Fraudes digitales en Nueva Zelanda: el caso de una estafadora que evitó la cárcel prometiendo devolver el dinero

por: Comercio al Día

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Imagen de Lilly Rum en Unsplash

Una mujer de Rotorua, Nueva Zelanda, logró evadir la prisión tras haberse apropiado de datos personales y tarjetas de crédito de más de mil personas. Su promesa de reparar el daño y sus supuestas muestras de arrepentimiento fueron suficientes para que el juez le concediera una segunda oportunidad.

Karla Cherie Wickham, de 40 años, accedió ilegalmente a un sistema en línea desde donde recopiló nombres, direcciones, correos electrónicos y datos sensibles de tarjetas de crédito, incluyendo números completos, fechas de vencimiento y códigos de seguridad, de 1.477 personas. Con esta información, realizó compras por un valor cercano a los 6.000 dólares neozelandeses.

A pesar de que este tipo de delitos puede acarrear hasta siete años de cárcel según la legislación local, Wickham logró que su condena fuera modificada. El juez John Bergseng, quien inicialmente tenía previsto enviarla a prisión, terminó aceptando la recomendación de su colega Anna Skellern, quien argumentó que existían elementos atenuantes.

Según Skellern, la decisión se basó en la presentación del abogado defensor, Scott Mills, quien expuso las circunstancias personales de Wickham: madre de dos hijos, en proceso de rehabilitación y con señales de arrepentimiento genuino. Como parte del acuerdo, la acusada se comprometió a devolver 3.000 dólares de inmediato y el resto en cuotas. A cambio, pasará nueve meses y medio en detención domiciliaria y estará bajo condiciones especiales por seis meses más tras cumplir esa parte de la sentencia.

Un historial marcado por delitos

Lo más alarmante del caso es que Wickham no es nueva en el mundo del delito digital. Al momento de cometer este fraude ya se encontraba cumpliendo una sentencia previa de detención domiciliaria por participar en una operación de tráfico de drogas. En noviembre de 2023, se declaró culpable de haber importado GBL y metanfetaminas, en colaboración con un grupo liderado por el narcotraficante William Macfarlane Jnr. Esta organización operaba entre las ciudades de Rotorua y Tauranga.

Además, Wickham ya contaba con al menos 16 condenas previas por acceso no autorizado a sistemas informáticos con fines fraudulentos. Un historial que contradice la imagen de remordimiento y transformación que sus abogados intentaron presentar.

Otro caso similar con consecuencias más severas

Este no es el primer escándalo de este tipo en Rotorua. En 2016, Tania Joy Malcolm, entonces administradora de cuentas y nómina, fue condenada a 33 meses de prisión por apropiarse de casi 300.000 dólares de la empresa para la que trabajaba. La estafa casi lleva a la bancarrota al negocio. Aunque su abogado también intentó argumentar arrepentimiento, el juez determinó que no había pruebas de ello: ni cartas de disculpa ni intención de resarcir a las víctimas. Solo fue obligada a devolver la mitad del monto robado.

Un dato curioso del caso Malcolm es que una parte del dinero sustraído se destinó al juego. Aunque nunca se especificó si se trató de apuestas físicas o digitales, este tipo de situaciones reafirman la importancia de utilizar únicamente plataformas confiables, como sitios de marcas reconocidas o los mejores casinos online con buena reputación, que cuentan con protocolos robustos de verificación, cifrado de datos y prácticas responsables que evitan este tipo de fugas financieras.

¿Qué podemos aprender?

La creciente sofisticación de los fraudes digitales pone en evidencia la necesidad de una mayor educación en ciberseguridad. Incluso sitios que se consideran confiables como mercados digitales o plataformas para trabajos freelance, no están exentos de ataques si el usuario no toma precauciones.

Uno de los métodos más comunes que usan los estafadores es el phishing: correos o mensajes que simulan ser de bancos, tiendas o entidades oficiales para solicitar datos personales o financieros. Si algo parece sospechoso, lo más sensato es ignorarlo. Además, nunca se debe reutilizar contraseñas entre plataformas. Crear claves largas y únicas, que combinen letras, números y símbolos, es una práctica básica pero fundamental.

Antes de ingresar datos bancarios en cualquier sitio web, conviene revisar que sea una página segura (empezando por el “https” en la URL), verificar la legitimidad del dominio y evitar hacer clic en enlaces sospechosos o acortados. La prevención está en los detalles.

¿Quiénes son los más vulnerables?

Según estadísticas recientes, los adultos jóvenes y las personas mayores son los grupos que más sufren fraudes digitales en Nueva Zelanda. En 2022, el 34% de las víctimas de delitos cibernéticos pertenecían al grupo de jóvenes adultos. Mientras tanto, los mayores de 60 años suelen ser presa fácil debido a su limitada familiaridad con las herramientas tecnológicas.

Frente a esta realidad, el gobierno neozelandés y organizaciones como Netsafe han intensificado campañas de educación digital. Estas incluyen charlas, guías y talleres enfocados en identificar estafas, usar redes sociales de manera segura y proteger la privacidad en línea.