Crisis de basuras en Bogotá, una jugada magistral de Gustavo Petro?

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altEl ruido producido por los grandes medios de comunicación y la misma oposición al cual se sumaron los usuarios, no dejaron escuchar las explicaciones del mandatario distrital sobre uno de los episodios más complicados del actual gobierno capitalino. Lo cierto es que las dificultades fueron superadas, por lo menos parcialmente, y el despacho logró bajar de forma importante los cobros de los operadores privados, y en consecuencia las tarifas, que por años manejaron los monopolios del servicio con escasa o nula intervención del Palacio de Liévano, hasta hoy.

 

Apuntes del editor:

“Fue un cañazo”, explicó una fuente a quién consultó www.noticiasdiaadia.com siguiendo el interés de conocer los puntos de vista de Petro sobre el caso, que puede concluir en salidas inesperadas e incluso dramática para el flamante ejecutivo de la primera ciudad del país.

De ser cierto lo advertido por la fuente, se trató de una jugada peligrosa para el mandatario que, sin embargo, le puede dejar importantes dividendos una vez  se complete todo el proceso y los usuarios comiencen a recibir facturas con rebajas sustanciales.

Uno de los más duros fue el concejal Juan Carlos Flórez, quién no ahorro palabras para descalificar a quién en el pasado fuera compañero de batallas política por su afinidad ideológica.

“Bogotá le quedó grande a Petro”, dijo en declaraciones a El Espectador, en una entrevista con la periodista Cecilia Orozco Tascón, lo que quiere decir que en realidad el ejecutivo distrital no consultó ni explicó por fuera de su círculo inmediato cuales eran sus verdaderas intenciones ni que el tema iba en serios.

Se supo que los operadores privados, en principio, estimaron que en realidad las amenazas sobre retomar el servicio de recolección de basuras era un “cañazo”, puesto que a esas alturas la alcaldía no se había preparado para asumir tamaña responsabilidad como finalmente ocurrió.

Tal vez ese fue uno de los errores de Petro quién, de acuerdo a lo sucedido, no había tomado las medidas necesarias para asumir con autonomía el manejo de las basuras, así se tratara de amagar para obligar a una nueva negociación con los operadores tradicionales, quienes finalmente no tuvieron otra alternativa que aceptar las condiciones tarifarias del alcalde.

Se supo que, peso más peso menos, por ejemplo, Aseo Capital tuvo que admitir un pago de 20 mil millones de pesos por el mismo servicio que antes le permitía jugosos ingresos por el orden de los 39 mil millones de pesos, diferencia que ahora será distribuida en rebajas para los usuarios.

Algo similar sucedió con Lime y Ciudad Limpia, cuyos socios también intervenían en otros muy productivos y monopólicos negocios tanto en la Empresa de Acueducto de Bogotá como  en el alumbrado público, sin tener en cuenta que varios de ellos también participan en  las troncales de Transmilenio.

Mejor dicho, Bogotá era un muy rentable negocio para unas pocas familias que ahora encontraron en Petro un mandatario dispuesto a lograr la intervención del sector privado pero con utilidades justas y no desorbitadas como antes.

Otro paso en esa dirección se produjo hace muy pocos días, concretamente el 31 de diciembre, cuando la Empresa de Acueducto y Alcantarillado retomó las actividades comerciales y operativas que antes se encontraban en manos de inversionistas particulares, varios de quienes también intervenían el aseo, igualmente alcanzando enormes utilidades.

Aguazul y Proactiva venían administrando la atención de consultas, quejas y reclamos, el manejo de usuarios y de grandes consumidores, el proceso de facturación, lectura de consumo y cambios de medidores al igual que la gestión de cartera. Ahora todo ello será dispuesto por la EAAB sin la intervención de particulares que  pagaban pocos sueltos pero sí obtenían grandes rendimientos.

Desde luego que esta operación tiene sus riesgos por lo que puede ser una falta de planeación y de tiempo, algo parecido a las basuras, aunque es un mal necesario que debía asumir la administración teniendo en cuenta que los convenios vencían el 31 de diciembre pasado y el asunto no daba espera.

Hace falta tecnología e infraestructura, personal calificado para desarrollar los procesos y la implementación de software que la operación requiere, pero prácticamente  la alcaldía tiene un año para aplicar los ajustes necesarios.

Lo que sí es cierto es que con el nuevo modelo, es decir con la retoma, el primer año la Empresa de Acueducto y alcantarilla se ahorrará cerca de 30 mil millones de pesos que también se verá reflejado en las tarifas.

Otro asunto que quedará superado es el hecho de que no sea la EAAB quién posea la información en detalle de los usuarios, ni de las redes existentes por cuanto ésta reposa en los archivos de los particulares.

Ahora vendrá la revisión de otros negocios como el del alumbrado público en donde existe otro boquete enorme  por donde se escapan millonarios recursos hacia los bolsillos de los contratistas.

Ocurre que en Bogotá, proporcionalmente, los usuarios pagan por el mantenimiento de un millón de bombillas cuando en realidad solo existen 700 mil; es decir están cobrando por 300 mil luminarias inexistentes y eso sale del presupuesto de las familias bogotanas. Petro también quiere acabar con ese negociado cobijado por aparente legalidad.

Este último negocio pertenece a una empresa española que también posee  acciones dominantes en uno de los medios de comunicación más importantes y ruidosos del país. Por eso se explica la andanada de críticas contra el mandatario capitalino sin que fuera escuchado, explicó nuestra fuente.

En resumen, Gustavo Petro Urrego, déspota o no, de mal genio o no, está desmontando un negocio que por muchos años benefició a unas pocas familias del país  y a inversionistas extranjeros.

Prefirió sacrificar su capital político con tal de cortar de tajo un lucrativo comercio larvado incluso en la época del ex alcalde Jaime Castro Castro, pero que hechó raíces a los largos de los años por lo que ahora le resulta a los empresarios doloroso eliminarlo. Por eso están gritando con todo lo que pueden incluso con los medios de comunicación que les pertenecen o son de su influencia.

Otra cosa será para Gustavo Petro cuando los usuarios comiencen a recibir sus facturas con rebajas que nunca imaginaron; será de dos o tres mil pesos. No como la de los 200 pesitos de la gasolina.

De resultar cierto todo lo anterior y sin querer ser optimista como nuestra fuente, estamos por pensar que la popularidad del alcalde Bogotano se disparará radicalmente en menos de un año.

Atrás quedarán  propuestas como la de la revocatoria del mandato, la cual no tiene sentido, pero sí quedan pendiente casos como el de la Fiscalía y la Procuraduría hasta donde pueden llegar manos influyentes.

Pero el Palacio  Liévano insistirá en los logros del mandatario como el relacionado con el mínimo vital de agua, la sensible baja en la  criminalidad, el virtual desmonte del Cartel de la Contratación de Bogotá y otros actos de inmoralidad que en algo alivian la deteriorada imagen del país, hoy considerada como una de las naciones más corruptas e inequitativas del planeta.

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