Peleando por “chichiguas”.

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Si hay alguien bien inocente, noble, confiado  y, por consiguiente, manipulable, que a veces se confunde con estupidez,  es el colombiano. Eso lo conocen de sobra los políticos quienes se han rotado el manejo del país y, desde luego, los áuricos que les hacen coro convirtiéndose en sus capataces o mayordomos con tal de mendigar cualquier migaja que pueda sobrar de la repartija, esa  que hoy llaman “mermelada” por gracias del presidente Santos y que en otro tiempos denominaban corrupción.

 

Opinión.

Por: Omar Gadez.

Miren ustedes. Hallábame (como diría el poeta) en larga  fila dispuesto a cumplir tarea en una oficina de correos: “Bendito seas Santo Padre; bienvenido. Que Dios lo guarde”, dijo entonces, como pensando en voz alta, una señora de cierta edad, con no más de 60 años en todo caso. Y, sin apartar la mirada del televisor en donde presentaban la gira de Francisco, siguió con una retahíla que hacían notar la veneración que la acompañaba para con el representante de Cristo en la tierra.

Su piadosa meditación se vio bruscamente interrumpida por otra mujer, quién también hacía fila y con la mitad de la edad de aquella; “Qué bienvenido ni qué nada. Esa plata que se gastan en recibir a ese señor que es un hombre y pecador como cualquier otro,  era mejor que la dejaran para darle de comer a muchos niños pobres que se están muriendo de hambre”, comentó disgustada recordando que eran 25 mil millones de pesos los cancelados para cubrir los gastos de la visita ilustre.

Palabra va, palabra viene;  ya estaban llegando a la vulgaridad y la ofensa gruesa cuando medió un hombre que no supe de dónde apareció. “Dejen de pelar por algo que no tiene sentido, por algo que ninguna de las dos entiende; se están dejando manipular”, les dijo apaciblemente, como calmando fieras, para entrar en una académica exposición de matemáticas pura; por lo menos para mí.

“Miren; con 25 mil millones  de pesos que se gastan con la venida del papa Francisco, que son “chichiguas” frente a lo que se roban los corruptos, comen 5 millones de niños pobres y con los 60 billones de la “mermelada” en Colombia, se alimentarían ¡1.200 millones!, mejor dicho, comerían todos los chinos de la China en un día”, les dijo a las dos mujeres que no pudieron cerrar la boca ante  tamaña explicación. Tampoco nosotros los demás testigos que le seguíamos con atención.

Y si, tiene razón; los colombianos nos pegamos de nada para discutir; les seguimos el juego los santos, a los uribes, a los petros a las Gina Parodi, a los Roy Barreras, Benedeti, Vargas Llerasa (ya casi llegan los billetes de $100 mil; aparecerán con la campaña presidencial del nieto de Carlos Lleras), las Claudia López, al Fiscal, al Procurador, al Contralor y, en fin, a todos quienes en el Congreso y distintas posiciones del Estado viven a costillas de todos los colombianos que pagan impuestos.

Pero al margen de esa discusión matemática a la que lleva la corrupción, cierto es que la visita del Papa Francisco tenía el propósito de fortalecer la paz y no hacerle un favor al presidente Santos sino a los colombianos, para que se comprometan definitivamente en desarmar los ánimos; para que sigan el camino de la convivencia.

Por eso fue, según los entendidos, que el Sumo Pontífice no hizo referencia a la corrupción; ganas no le faltaban como ya lo hizo en otros escenarios del mundo; creo que ante el presidente mexicano Enrique Peña Nieto  igual o más corrupto que en  nuestro caso. Todos sabemos que siente alergia por los mandatarios y funcionarios que se quedan con el dinero de los impuestos, que empobrece y envilece a los trabajadores. Por eso se mostró  frío con el Jefe de Estado y su esposa en las pocas reuniones que sostuvieron; nunca les sonrió y apenas forzó gestos para ocultar su incomodidad.

Nadie más que él, quién dio muestras de conocer muy bien a Colombia, sabe que al país lo está consumiendo la corrupción, la misma que el señor Santos llama “mermelada”.

Sabe el Papa que de hacer referencia al saqueo de los dineros oficiales se correría el riesgo de avivar las llamas de la confrontación armadas, la cual ya se encuentra prácticamente sofocada y que tuvo su origen en la desigualdad y en los malos manejos de las cosas de Estado en el pasado.

Hizo bien. Su principal propósito con su visita a Colombia era la paz, no para hacerle un favor al señor Santos, ni a Uribe, ni a ningún otro político; era para darle fortaleza a la paz. Exclusivamente.

Regresando a lo de los $25 mil millones de la visita del Papa y de los $60  billones hagan otras cuentas para ver qué podríamos hacer los colombianos con ese dinero. ¡Ah, y sigan votando por los corruptos!

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