¿Está el sector privado contra la corrupción?

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Con ese titular Octavio Quintero, comunicador y Director de El Satélite, además una especie de filósofo a manera de conciencia social, llama la atención en torno a la actitud asumida por el sector privado frente a lo que ya es causa nacional: acabar con la corrupción. Se trata de un escrito, como todos los suyos, cargado de profundas y bien argumentadas reflexiones que indudablemente le aportan al país ideas nuevas haciendo causa común con quienes se proponen hacer de Colombia una nación diferente con justicia, equidad y  bienestar general.

 

Esta la nota con la cual este portal de noticias presenta el aporte informativo, también académico, de este calificado comunicador de marcado acento cundinamarqués.

Opinión.

Por: Octavio Quintero

Director Grupo Editorial El Satélite

¿Ha visto alguien en esta nueva ola anticorrupción alguna declaración oficial del sector privado solidarizándose con la campaña? ¿No, cierto que no?

Funcionarios públicos, desde el Presidente en adelante; parlamentarios de todos los partidos y movimientos políticos; medios de comunicación y las infaltables redes sociales, la nueva voz de la sociedad civil, han enfilado baterías contra los corruptos, menos el sector empresarial privado, propiamente dicho.

Ni la Andi, Fenalco, Sac o Asobancaria; el  GEA de los paisas o el Consejo Gremial que los agrupa a todos, que se mantiene metido en la Casa de Nariño; ni personajes como Sarmiento Angulo, Ardila Lulle, Santo Domingo, Char o Gilinski, han dicho a ese respecto, esta boca es mía… Como si eso de la corrupción no fuera con ellos…

No es lo mismo que algún dirigente gremial o empresarial haya hecho declaraciones contra la corrupción inquirido por los periodistas, a que el sector privado como tal haya emitido manifiesto compromiso de luchar contra la corrupción como, por ejemplo, anunciando la separación de sus cargos de todo presidente, gerente o mando medio que se vea incurso en algún acto de corrupción.

El sector privado no se puede quedar callado en estos momentos de “efervescencia y calor” que se van convirtiendo en clamor nacional, y que seguramente definirá buena parte de la lucha política de cara a las elecciones de Congreso y Presidente en el 2018.

El diccionario oficial y el lenguaje común tienen equivocada la definición de corrupción como (…) “Situación o circunstancia en que los funcionarios públicos u otras autoridades públicas están corrompidos”, inclusive una organización tan comprometida en la lucha anticorrupción como Transparencia Internacional la define como “abuso de un poder público con fines privados”.

Y por eso es que el sector privado se mantiene tan “calladito”, ya que el asunto, al menos en el grueso de la opinión pública y, por tanto, en la masificación de la información, aparece como sin velas en este entierro.

¿Qué es corrupción?

Ahora que en Colombia tenemos tan a la vista Odebrecht y Reficar, sea lo que sea que la gente piense de estos dos casos de corrupción, digamos que corrupción es también no pagar impuestos, blanquear el dinero sucio que proporcionan los delitos como tráfico de drogas, de personas, de armas… Y también lo es financiar ilegalmente partidos políticos a cambio de contratos de obras públicas o servicios del Estado otorgados a empresas privadas. Corrupción también es ocultar el dinero en paraísos fiscales con la complicidad de la banca; corrupción es sobornar jueces para prescribir fallos o torcer sentencias… En una palabra, corrupción es todo eso que se hace con fines protervos, por debajo de la mesa, contra la ley, la moral y las buenas costumbres.

Solo en el campo del delito internacional de lavado de capitales se blanquean al año más de 600.000 millones de dólares, según el FMI y la ONU. Pero para blanquear tantísimo dinero, esos criminales necesitan de respetables banqueros, prestigiosos gabinetes de abogados y asesorías fiscales de campanillas, todos estos tan corruptos como los delincuentes dueños de esas multimillonarias fortunas mal habidas.

¿Quién osaría negar que los “cacaos” (como se les dice en Colombia) gestionan directamente o por interpuestas e influyentes personas negocios ventajosos con el Estado, como por ejemplo, las privatizaciones de empresas oficiales y concesiones de obras públicas?

Daniel Pacheco, un periodista que dirige en RED+Noticias el programa Zona Franca, preguntaba  recientemente, analizando los sobornos de Odebrecht en Colombia que… “¿para qué tendría que sobornar una empresa de Sarmiento Angulo, si con una llamada de él bastaba para que le concedieran lo que pedía?… Y es cierto.

El delito de corrupción no se da en una sola persona, tiene que tener como mínimo dos: corruptor y corrompido, que se tapan con la misma cobija. Esto quiere decir que no tendrá éxito ninguna campaña de anticorrupción que no involucre a corruptores y corrompidos, para el caso que nos ocupa al sector público y al sector privado.

Los medios de comunicación haríamos bien en presionar a la cúpula del sector privado a hacer acto de presencia en esta campaña de anticorrupción que no debemos dejar apagar porque en ello nos va la vida democrática de Colombia y la convivencia nacional.

¿O, usted qué opina?

Fin de folio.- Si la justicia fuera efectiva, la corrupción sería imposible. Tenemos una legislación anticorrupción muy rigurosa. Pero, si se viola la ley quedamos, como hemos venido diciendo, con mucha ley y poca autoridad.


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