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Jue, Jun

¿Más impuestos para inversión social o la corrupción estatal?

Noticias de opinión

Tienen toda  razón los colombianos –o tenemos- de estar furiosos, altamente disgustados y profundamente molestos con el aumento de los tributos los cuales golpean de manera directa el ya mermado bolsillo de los asalariados y empresarios nacionales quienes ya no aguantan más desatino presidencial. Y tienen razón si se consideran las justificaciones  matemáticas expuestas por calificados analistas particulares, no del gobierno, para argumentar sus tesis.

 

Opinión.

Por: Eduardo J Narvaez

Cierto es que la guerrilla con su inmenso poder criminal y terrorista, vale decir el secuestro, la extorsión, el robo, el narcotráfico y el desalojo,  causó irreparable daño a la moral y las finanzas del país y los colombianos. Por fortuna, hay que reconocérselo, fue un gran acierto del mandatario Juan Manuel Santos el haber logrado desactivar esa horda de hampones que dejó inmensa estela de sangre y dolor a lo largo y ancho del país.

Igualmente cierto es que las denominadas bacrim laceran de manera importante los intereses nacionales, organizaciones a las cuales hay que atacar, como lo están haciendo, las fuerzas constitucionales armadas colombianas.

Pero ahí no está el más grave problema colombiano; la corrupción es hoy superior a todos los males  juntos sumados la guerrilla y las bacrim. Como dijo la senadora Claudia López –quien no es de mis afectos pero  acompaño en esa tesis- las bacrin más peligrosas son los carteles de la corrupción los cuales, parecieran, son consentidos desde la misma Casa de Nariño. Acodémonos de la mermelada.

Es que las cuentas y los hechos confirman la teoría. Todos sabemos que hoy los porcentajes que maneja la corrupción se encuentran, promedio, entre el 30 y 50% aunque algunas veces bajan hasta un 10 y otros alcanzan el 90% de acuerdo a los niveles de “conciencia” o “inconciencia” de los funcionarios y particulares que lo exigen. El saqueo  de las arcas oficiales, según algunos analistas, hoy le cuesta al país la bobadita de ¡$60 billones!

Se sabe que el presupuesto nacional para este año se encuentra sobre los 224 billones de pesos; quiere decir que, si se mira por lo bajo, los corruptos se quedarán con mínimo ¡30 billones de pesos! La reforma tributaria busca recaudar 6 billones.

Como vemos, así lo sostiene la congresista Claudia López, no es necesaria una nueva carga tributaria sino una disminución de la corrupción; mejor dicho que no cobren tasas del 20, 30% y más sino que se conformen con el solo 10% y ya. De todas maneras esa es mucha plata.

Desde luego que este fenómeno no es exclusivo del actual mandato; también lo fue con Álvaro Uribe, Pastrana, Samper y los que siguen hacia abajo; lo que sucede es que en durante estos últimos seis años se disparó, tomó más fuerza.

No escapa de la corrupción ninguna administración, o casi ninguna,  sea de derecha o de izquierda. Es suficiente con mirar lo que sucedió con Samuel Moreno en la Alcaldía de Bogotá; con Lucho Garzón y con Gustavo Petro quienes, estos dos últimos, aunque no han sido condenado o sancionado, si dejaron muchas dudas. Aún tiene investigaciones pendientes.

Por ejemplo el jefe de los progresistas provocó escozor con el escándalo de la Conejera, decisión que claramente favoreció a empresarios familiares vinculados a su entorno a través de su esposa; nos referimos a los papicultores de Zipaquirá, los Gutiérrez.

Acordémonos también que ya se encontraba a punto de sanción pero la intervención velada del presidente Santos, entonces candidato, lo favoreció todo porque éste necesitada sus votos como efectivamente los obtuvo.

Permanecen sin resolver, y así quedarán, escándalos como los de Reficar, Saludcoop, Caprecom –Roy Barreras-, Armando Benedetti con el caso del saqueo del Fondo de Prestaciones Sociales del Magisterio; el Fondo de Confiabilidad creado para, dizque, evitar apagones; los dineros para la salud -niños y ancianos muertos por falta de atención médica-, los recursos para la alimentación escolar, Coomeva, el Túnel de la Línea, la doble calzada Bogotá – Girardot, la recolección de basuras en Bogotá – Petro-; Odebrecht y otros muchos tanto cuya lista sería interminable presentar en corto escrito como este.

Seguro es que la mayoría de ellos, si no la totalidad, quedarán sin resolver porque demostrado está que la justicia y los órganos de control solo operan cuando se trata de delitos protagonizados por “los de abajo”. Los privilegiados no son castigados salvo que entre ellos mismos se traiciones; o si no pregúntele al ex gobernador de Cundinamarca Álvaro Cruz Vargas.

La corrupción estatal tiene alto grado de contaminación; el Congreso, la justicia y en general todas las entidades oficiales incluyendo gobernaciones y alcaldías –salvo casos excepcionales- están permeados. Es tal la situación que hasta los grandes medios de comunicación se han convertido en cómplices silenciosos de hechos irregulares; ya no los toman como material periodístico.

Así no queda otro camino, otra solución diferente a la que deba asumir el mismo pueblo, quiere decir el electorado, para acabar con ese mal. Y debe hacerlo en las elecciones no eligiendo a quienes son corruptos. No hay otra alternativa.

Los nacionales ya se cansaron y tal vez por esos es que existen algunos movimientos pidiendo revocatoria del presidente Santos y algunos castigos para los congresistas. Ojalá tengan suerte.

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