Desmantelada banda dedicada al robo de celulares en Cundinamarca y Bogotá.

Bogotá

Era conocida como “Los Quiroga” y estaba integrada en su mayoría por  miembros de una misma familia, el padre, la madre y dos de sus hijos, quienes dirigían la peligrosa organización que recaudaba los móviles que eran hurtados en las principales ciudades del departamento y la capital colombiana. Grupos especializados de la Policía dieron con ellos luego de varios meses de investigaciones en las cuales tuvieron que utilizar sofisticados equipos y procedimientos.

 

Los agentes especiales se dieron a la tarea de adelantar seguimientos de quienes habían sido detectados como los principales responsables del robo de celulares mediante la modalidad de  atraco o cosquilleo, principalmente en los sistemas de Transmilenio o en las mismas calles de Bogotá al igual que en poblaciones del departamento.

Poco a poco se fueron acercando al centro de la organización para luego emprender labores encaminadas a conocer todo el “engranaje” de la banda, a fin de conocer los cabecillas y todos sus integrantes así como los roles y procedimientos que utilizaban.

Establecieron que operaban en varios puntos de la capital colombiana como los barrios San Cristóbal, Kennedy, Bosa y la Candelaria hasta donde llegaban los ladrones para ofrecer la mercancía mucha de las cuales habían conseguido lesionando y asesinado a sus víctimas.

La operación permitió adelantar seis registros, en los cuales fueron recuperados 10 cuadernos con más de 4 mil números IMEI que serían puestos a equipos móviles reportados como hurtados, y ubicada una completa base de datos que da cuenta de los movimientos fraudulentos que realizaba la estructura y de sus contactos en diferentes compañías.

El primer eslabón lo dirigía alias “La Doña” (madre), quien era la receptadora de la banda y se encargaba de comprar los celulares hurtados, mediante las modalidades de atraco, raponazo y cosquilleo, en diferentes ciudades, principalmente en Bogotá.

Esos aparatos los recibían alias “Duval” y “Frederick”, padre e hijo respectivamente, quienes en asocio con otros dos hombres, se encargaban de manipular ilegalmente la información del IMEI o la clonaban, y acudían a sus contactos en las empresas de telefonía móvil, para vulnerar los protocolos de activación o desactivación de los celulares reportados.

El tercer eslabón criminal lo lideraba alias “La Mona”. La mujer vendía los equipos liberados ilegalmente y los distribuía en sectores comerciales del centro de Bogotá. El valor dependía de la gama o complejidad de las alteraciones que les realizaban.

Otro de los auxiliadores de esta organización capturado, era empleado de una distribuidora que manejaba la franquicia de una empresa de telefonía móvil, que conseguía las tarjetas SIM para que los celulares entraran en funcionamiento.

Desde mayo de 2014, cuando la Dirección de Investigación Criminal e INTERPOL, detectó el actuar delincuencial de “Los Quiroga” gracias a la denuncia ciudadana, fueron referenciados los procedimientos ilícitos a los que acudían sus integrantes para liberar los celulares hurtados.

Comenzaron clonando los registros IMEI de los equipos robados y los copiaban en teléfonos de China que ingresaban de contrabando al país. También los plasmaban en otros celulares de segunda. Les cambiaban las tarjetas o circuitos electrónicos y creaban un aparato nuevo, que en apariencia reflejaba ser de una gama mayor.

En estos dos casos, y luego de las alteraciones, llamaban a cualquier operador para volver a reportar la pérdida de los celulares y recibían el número consecutivo de la novedad que registraban. Minutos después, se comunicaban nuevamente con la línea de atención al cliente de la empresa de telefonía y aseguraban que el celular había aparecido. De esta forma lograban que el reporte negativo por pérdida o robo fuera levantado.

Las medidas asumidas por las compañías de celulares y los controles que aumentaron por parte de la Policía Nacional, llevaron a “Los Quiroga” a mutar a otra técnica de fraude. Los equipos robados y modificados electrónicamente, eran remarcados con números IMEI que ellos mismos inventaban y con los que intentaban seguir secuencias, que los contactos en las empresas de telefonía les entregaban. Así obtenían similitudes a un IMEI original.

Como evidencias de estas modalidades de engaño, fueron encontrados cuadernos con miles de IMEI y datos de las personas que los orientaban.

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