Gobierno y Farc acuerdan “desescalar” el conflicto armado.

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Es el primer paso hacia la suspensión bilateral al fuego según anunció el jefe negociador de la Casa de Nariño en la Habana, Cuba, Humberto de la Calle, confirmando los rumores de un nuevo acuerdo parcial entre ese grupo terrorista y el presidente Santos.  La guerrilla, por su parte, dijo que nuevamente realizará un cese a la confrontación a partir del próximo 20 de julio.

 

El giro en la posición del jefe de Estado se registró en medio de una serie de pronunciamientos de los países garantes cuyos voceros advirtieron sobre un “cambio de la metodología de los diálogos de paz”,  con el propósito de desembocar en un cese al fuego definitivo.

Las nuevas condiciones o el cumplimiento de lo pactado serán verificados por la ONU y Unasur quienes designarán delegados especiales que harán seguimiento al cumplimiento de este acuerdo.

En resumen, a partir del 20 de julio las Farc suspenderán sus ataques mientras el Gobierno dará paso a lo que llamaron “desescalamiento” de la confrontación armada.

Conocido lo anterior comenzaron a escucharse sonoras voces de rechazo a lo ocurrido. La ex candidata a la Presidencia de la República, Martha Lucía Ramírez, por ejemplo, calificó de “grave error”, una equivocación del presidente Santos, insinuando que está aceptando las condiciones de las Farc.

Otros más expresaron temores porque se remita lo ocurrido hasta hace poco indicando que a las Farc “no se les puede creer”.

Precisamente en diciembre pasado y con ocasión de las fiestas de navidad esa misma organización subversiva habían declarado unilateralmente un cese al fuego.

Sin embrago y aunque sí bajó la intensidad de las acciones terroristas no sucedió lo mismo con los secuestros, las extorsiones, asesinatos,  desalojos, robo, actividades de narcotráfico a gran escala y el reclutamiento de menores de edad. Uno de ellos fue el Defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, quién reportó que entre el 20 de noviembre y el fin de año se registraron 57 acciones armadas pese a los anuncios de la guerrilla.

En sus reportes se advierte sobre afectaciones en 14 departamentos pero principalmente en Nariño, Cauca, Valle, Chocó, Santander, Norte de Santander, Guaviare, Putumayo y Caquetá. “En realidad se dio casi una intervención diaria durante ese lapso de tiempo”, observó.

Pero el caso que “colmó la copa” fue el asesinato de 11 soldados en zona rural del Buenos Aires, Cauca, el pasado 15 de abril; los militares, confiados en la tregua de las Farc, se encontraban durmiendo  cuando fueron acribillados a la 1 de la madrugada.

Reaccionó el presidente ordenando que fueran reiniciados los bombardeos que había suspendido, pese a las críticas, como respuesta al “gesto” de las la guerrilla que había suspendido sus ataques terroristas.

Como resultados de ellos fueron dados de baja un buen número de subversivos; los hechos fueron duramente recriminados por las Farc que, paralelamente, emprendieron ataques contra la población civil e infraestructura nacional colando oleoductos, torres de energía y acueductos. Simultáneamente pusieron en marcha el denominado “plan pistola” con el cual asesinaron a varios policías y militares.

Co nuevo aire la guerrilla, entonces, insistió sobre un acuerdo bilateral para suspender el conflicto armado. El presidente Santos dijo que solo aceptaría siempre y cuando se lograr acuerdos definitivos en la Habana, Cuba.

Sin embargo hoy adoptó otra decisión que, parece, permitirá un cese al fuego. El temor es que, como lo indican algunos analistas, la situación se aprovechada por las Farc para fortalecerse militarmente e incrementar las actividades de narcotráfico a través de Venezuela.