Sigue impune muerte de joven trabajador en Fusagasugá.

Fusagasugá

Tres años y medio después del trágico suceso la justicia colombiana no ha dado respuesta  al caso en el cual falleció violentamete Stiven Eduardo Berbeo Villalobos, a pesar de que la propia familia investigó y suministró a la Fiscalía todos los datos y pruebas sobre el posible responsable de doloroso hecho.  Solo hasta ahora, los últimos dos o tres meses, han notado avances de lo que pareció iba quedar en el olvido.

 

Esa mañana del sábado 14 de diciembre del 2013, como a las 8 y 30, doña Cilenia se apresuró a responder el llamado de un vecino en la puerta; apenas alcanzó a saludar cuando notó que algo grave estaba sucediendo: venían a entregarle la trágica noticia de que su hijo se encontraba grave en el Hospital San Rafael.

Casi una hora antes don José, el padre, había llamado a su hija para pedirle que se comunicara con Stiven; rumbo a su trabajo en la Pampa se encontró con que frente al semáforo de la calle 22 con Avenida Manuel Humberto Cárdenas había una moto que por algunas pocas partes que quedaron intactas se parecía a la de su hijo: ella no encontró respuesta.

Doña Cilenia no supo a qué hora ni cómo llegó; solo volvió a tener recuerdos de cuando se encontraba tomada de la mano de su hijo en urgencia del Hospital San Rafael hecha un mar de lágrimas; él estaba ya siendo atendidos conectado a cables y tubos necesarios para casos como el que su condición exigía. Sin embargo el hijo tuvo fuerzas para apretar la mano de quién lo trajo al mundo; fue la última vez que la madre  sintió de manera directa expresiones del amor del fruto de sus entrañas.

Luego de  horas de infructuosa atención y procesos el joven fue trasladado a Bogotá cuando, al fin, pudieron conseguir una ambulancia; era el 15 de diciembre. Esas eran las ápocas grises del  San Rafael; los médicos en Fusagasugá no contaban con los recursos suficientes para atenderlo en debida forma.

Sin embargo, poco después de su llegada al centro hospitalario en el Distrito a donde fue remitido, como a las 2 y 15, su cuerpo cedió: dejó de existir cuando igualmente era atendido en el hospital de mayor complejidad en la capital colombiana.

Justicia.

Cumplidas, horas después, las desgarradoras escenas del sepelio comenzó otro drama: pedir que se hiciera justicia, que detuvieran y castigaran al responsable del accidente que acabó con la vida del joven trabajador quien se dirigía a cumplir con su deber  esa madrugada del sábado  cuando aún no salía el sol -5 y 30-; fue brutalmente arrollado por un camión de transporte de ladrillo o bloque de construcción.

Precisamente la tarde anterior, viernes, ya comenzando noche, Stiven recibió una llamada cambiándole instrucción para que se dirigiera a inspeccionar obras en Chinauta y no es Silvania como habitualmente le correspondía en la empresa para la cual trabajaba, la Concesión que por esa época manejaba la Doble Calzada.

Su familia quiso reconstruir los últimos minutos previos al trágico accidente y los que siguieron antes de que dejara de existir; mejor dicho los momentos que ellos desconocían.

Hablaron con numerosas personas que presenciaron todo lo ocurrido quienes les entregaron detalles del lamentable suceso; hasta el número de la placa del camión que lo arrolló les suministraron posteriormente.

Supieron que el muchacho, de 23 años, quién nunca tomaba licor y que se había distinguido como buen hijo y estudiante en el Colegio Cooperativo el norte de Fusagasugá,  transitaba por la Avenida Manuel Humberto Cárdenas cuando, de un momento a otro y frente a la Universidad de Cundinamarca, fue embestido por detrás por un pesado vehículo de carga.

Para quienes presenciaron lo sucedido no existe explicación válida que pudiera justificar el comportamiento del conductor agresor como, por ejemplo, que no lo vio; el camión de cabina azul con planchón dispuesto para movilizar ladrillo o bloque de construcción, literalmente le pasó por encima y lo arrastró unos 30 metros hasta el semáforo de la 22.  A esa hora y por largos minutos no transitó ningún otro automotor por el lugar.

Entonces, la pregunta: ¿En qué condiciones iba el conductor –ya identificado- del pesado vehículo? ¿Iba en condiciones de alicoramiento o bajo efectos de alguna sustancia que le hiciera perder los sentidos entre ellos el de la responsabilidad? ¿Se quedó dormido? Ese es asunto que debe resolver la justicia.

Los testigos excepcionales, entre ellos una señora que trabajaba en una cafetería frente a la Universidad de Cundinamarca y los celadores de la UdeC, narraron lo ocurrido; todos coincidieron y ninguno difería del otro. En total recogieron como seis versiones absolutamente válidas y convincentes.

Afirmaron que el camión literalmente pasó por encima de la pequeña máquina y el joven; que la moto explotó pocos metros adelante y que el muchacho finalmente logró zafarse de debajo del camión de donde quedó enganchado; que el conductor no se detuvo a pesar de los desesperados gritos de auxilio de la víctima y de quienes angustiados observaban toda la escena; tampoco lo movió el estallido del tanque de  la motocicleta y del humo negro que la explosión arrojó al aire.

Huyó sin explicación alguna y para estos mismos testigos resulta imposible que no se haya dado cuenta del daño que había causado. Atrás Stiven quedó tendido, como ya se indicó, frente al semáforo de la calle 22 con Manuel Humberto Cárdenas debatiéndose entre la vida y la muerte.

Desde frente a la Universidad hasta ese sitio –unos 30 metros- quedaron las huellas que dejaron la moto y el cuerpo del muchacho. También se conoció que Stiven permaneció tirado en el asfalto como 20 minutos hasta cuando, por fin, llegó una ambulancia y la Policía a pesar de que se encontraba a escasos 50 metros del Hospital San Rafael.

Esta era la moto en la cual Stiven Berbeo Villalba se dirigía a cumplir con su trabajo. Hacía poco la había comprado y no la utilizó sino días antes a la tragedia. prefirió esper a que le entregar el pase para no incumplir con las normas de tránsito.

Uno o dos días después  mientras trataban de soportar el dolor que la tragedia les había causado, sobre todo por la forma como murió, quisieron averiguar cómo iban las investigaciones que habían quedado en manos del CTI  de la Fiscalía a quién le correspondió atender el caso. No obtuvieron respuesta.

Así en medio de disculpas, explicaciones no convincentes  y evasivas a manos del agente encargado de las investigaciones pasaron varios meses hasta cuando madre, padre, hermana y familia decidieron adelantar ellos mismos las investigaciones.

Con los testimonios recogidos meses atrás comenzaron a buscar al posible responsable del accidente;  primero ubicaron el vehículo con la ayuda de varias personas. Tenían el número de la placa del camión debido a que alguien, casi a hurtadillas como si tuviese temor de que supieran lo obra de caridad que estaban haciendo para con unos destrozados madre, padre y familia de la víctima, le entregó un papel con el dato cuando se cumplía el sepelio de Stiven.

Toda esa información, incluyendo nombres, direcciones y números de teléfonos de los testigos, le fueron suministradas a la Fiscalía. Pese a ello no hubo avances en la investigación; nunca los llamaron, por lo menos hasta hoy.

Investigaciones.

Supieron que pertenecía a una señora y llegaron incluso hasta la residencia de ella. Luego ubicaron al conductor; un día fueron hasta la casa donde vivía. Golpearon y cuando salió para atenderlos le dijeron que querían contratarlo para transportar bloque de construcción; así supieron que él era  la persona que buscan. Era mucha coincidencia.

Fue entonces cuando se preguntaron: ¿Bueno, y si nosotros dimos con la dueña del camión y el conductor, por qué el investigador oficial no? Le llevaron todos los datos recogidos producto de su propia averiguación y se los entregaron a la Fiscalía.

Aun así el trabajo de judicialización no avanzaba. La nueva disculpa era que todo ello eran indicios  y no argumentos suficientes para sindicar al posible responsable.

Entonces continuaron sus propias pesquisas; lograron ubicar un video en el cual se observa a la misma hora y fecha en las cuales  el camión previamente identificados por ellos  se desplazaba sobre la Avenida Manuel Humberto Cárdenas; ninguno otro transitó por el sector. Con ello estaban seguros que ese era. No había, para ellos, la menor duda.

Nuevamente le llevaron ese material a la Fiscalía; este registro fílmico fue remitido a Bogotá para análisis especiales que permitan utilizarlo como prueba. De eso hace algunos meses; a la fecha no han encontrado respuesta.

Lo cierto es que de un tiempo para acá la Fiscalía comenzó a tener interés sincero en la investigación según sintieron los familiares del joven. El caso le fue asignado un tercer agente quién les hizo recobrar esperanzas y confianza en el sistema de justicia colombianos;  confían en  que el autor de la muerte de Stiven va a ser llevado ante la justicia. De ello ahora sí están seguros. Volvieron a confiar en la Fiscalía.

Entre tanto la familia Berbeo Villalobos enfrenta otro drama: don José perdió casi totalmente su movilidad y hoy se encuentra postrado, reducido a una cama. El golpe por la muerte trágica de su hijo le causó profundos e irreparables daños en su sistema nervioso.

Según les explicó el cuerpo médico, el impacto de lo ocurrido literalmente le quemó neuronas hasta dejarlo prácticamente inmóvil; sin embargo hoy alcanzó importante recuperación aunque perdió el 78% de la visión.  Por esa incapacidad dejo de producir y se encuentra sin ayuda estatal pese a su condición. Doña Cilenia es muy poco lo que puede hacer para conseguir el sustento de la familia por cuanto tiene que atender a su esposo; están viviendo de la caridad.

Es el saldo de un drama protagonizado por un conductor y los encargados de emergencias que, se presume, no actuaron con responsabilidad. Si el primero, en cambio de huir, lo hubise  atendido  llevándolo al hospital que se encontraba a pocos metros, muy seguramente Stiven se habría sobrepuesto al percance. Igual con los paramédicos que se hallaban cerca.

La trama continúa y de seguro habrá más cosas que contar de esta tragedia que destrozó, en un instante, la prometedora vida de un joven y la estabilidad de una familia que nunca más sonreirá debido al dolor que la prematura y trágica partida de su hijo les representa.

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