Aclaran crimen de menor “encostalada” en Fusagasugá.

Fusagasugá

Las investigaciones desarrolladas a lo largo de los últimos tres años pusieron a prueba la efectividad del grupo de homicidios de la Sijín, cuyos agentes demostraron que la unidad asignada a la ciudad es una de las más efectivas en Cundinamarca y el país. No se desesperaron y cuando los forajidos  pensaron que el caso ya había pasado el olvido recibieron la sorpresa: estaban rodeados y capturados.

 

Los asesinos desestimaron el poder, la capacidad y persistencia de la Policía y sus agentes; creyeron que después de tres años el sangriento hecho quedaba como una anécdota  más dentro de sus recorridos criminales; incluso consideraron que el homicidio  de la menor de 14 años iba a darles más estatus  dentro del mundo del hampa. Que por ello iban a ser más “respetados”.

Con lo que no contaban era que detrás de ellos se encontraba un grupo de tenaces sabuesos que no iban a dar su brazo a torcer hasta resolver el caso. Así lo hicieron.

La madrugada de ese martes 17 de junio del 2.014, como a las 1, la Policía recibió una llamada; era un taxista que alertaba sobre la presencia de un costal en plena calle cerca al  cementerio. Dijo, cuando se encontraba cumpliendo uno de sus recorridos, que era muy sospechoso y que dentro había lo que parecía el cadáver de una persona.

Pocos minutos después, tal vez cuatro o cinco, la Policía confirmó el macabro hallazgo: se trataba de los despojos mortales de una jovencita quién a pesar de la violencia con que fue asesinada aún conservaba las buenas facciones de su cara. Vestía una camiseta amarilla de la Selección Colombia y un short azul; por esos días se desarrolla el Mundial del Futbol en Brasil con la participación del onceno nacional.

Horas más tarde Medicina Legal estableció las causas de la muerte: había sido violada y estrangulada. Casi al mismo tiempo se conoció su identidad.

Se trataba de una menor de edad quién pocos días atrás se había escapado de  un centro o refugio de Bienestar Familiar ubicado en la Sabana Centro al norte de Bogotá, a donde había sido remitida para protegerla; en Fusagasugá había caído en manos de un grupo de consumidor de drogas.

Investigaciones.

Los días siguientes al asesinato el caso prácticamente quedó congelado debido a que la Policía local se encontraba dentro de un proceso de ajustes rutinarios. Buena parte de los efectivos fueron rotados entre ellos los encargados de homicidios.

Fue solo hasta septiembre, tres meses después, cuando las investigaciones fueron reiniciadas una vez se la asignaron a un grupo de agentes recién llegados que se habían distinguido en el curso de especialización sobre esta clase de delitos.

Con los únicos y pocos datos que poseían se dieron a la tarea de aclarar el crimen; recogieron información de testigos y de otras fuentes cercanas al sitio en donde el cadáver fue encontrado. Algunos de ellos ya la habían visto por el sector del cementerio en compañía de algunos hombres  y mujeres de no muy buena reputación.

Así comenzaron las tareas de seguimiento de quienes se iban convirtiendo en potenciales sospechosos. También verificaron algunas cámaras de seguridad que habían sido ubicadas por particulares en el sector.

El trabajo los condujo a identificar a un pequeños grupo de personas entre quienes, estaban seguros, se encontraban los asesinos. Continuaron las labores de recaudo de pruebas hasta que lograron individualizar a tres hombres con edades aproximadas a los 30 años; estaban vinculados a la distribución de alucinógenos. Ya con argumentos suficientes procedieron a detenerlos tras lo cual, prácticamente, se aclaró  el asesinato.

Parece ser que la joven les había quedado debiendo alguna “mercancía” la cual no pudo cancelar oportunamente. Por ello los criminales decidieron cobrarle por las malas.

La sorprendieron sobre la carrera sexta con calle cuarta en la esquina de la llamada Casa Amarilla y, a eso de las 7 de la noche, la llevaron cerca al cementerio a una casa ubicada a unas tres cuadras del lugar en donde su cadáver, el cual movilizaron en una carreta, fue abandonado.

Allí un número indeterminado de hombres, mínimo tres, la golpearon y violaron para posteriormente estrangularla en un suplicio que duró cerca de 4 horas. El ADN dejado en el cuerpo de la menor permitió identificar a los responsables del hecho de sangre, uno de  quién ya está siendo procesado. Un par más de detenidos pudieron, mínimo, haberse enterado del crimen y no hicieron nada por impedirlo.

Los otros dos –comprometidos en las pruebas de ADN- están siendo perseguidos por las autoridades que esperan ponerlos ante la justicia en corto tiempo. Se encuentran huyendo.

El grupo de agentes que resolvieron el caso es el mismo que ha aclarado otros hechos similares, dejando a la Policía de Fusagasugá como una de las más efectivas en materia de investigaciones de homicidios a nivel nacional. En sus manos se encuentran otros hechos sangrientos registrados en los últimos meses.

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