Comerciante herido con impactos de bala enfrenta y huye de asaltante en Granada.

Cundinamarca

En inesperada pero valerosa reacción que paradójicamente puso en riesgo su vida pero simultáneamente lo salvó,  el joven comerciante y empresario de 22 años, Emilio Chingaté, encaró y luchó con el bandido que lo amenazaba con un arma de fuego. Recibió cuatro disparos uno de los cuales “rasguñó” y  se alojó cerca de uno de sus riñones mientras el otro pasó a milímetros de su columna vertebral para salir por la espalda.

 

Aún así continuó enfrentando al bandido hasta cuando este, sorprendido, se puso en fuga; simultáneamente  Emilio, casi perdiendo el sentido pero con la adrenalina arriba, corrió entonces  en busca de la Estación de Policía hasta ponerse a salvo y comunicar lo que había sucedido para que fueran tomadas las medidas que la situación requería.

Ocurrió el lunes pasado cuando el comerciante, a eso de las 9 y 30 de la noche, salió de su negocio en el centro de la población para terminar de organizar su acostumbrado viaje a Bogotá para lo cual debía ir hasta su casa. (foto arriba)

En esa oportunidad iba a transportar un cargamento de mazorca con destino a la Central de Abastos de Bogotá y realizar algunas compras para surtir su  supermercado uno de las más reconocidos en el municipio. Debía aperarse de lo necesario, generalmente una ruana y una gruesa chompa, con el propósito de contrarrestar el intenso frío de la madrugada sabanera; también tenía que recoger el dinero necesario para la faena antes de partir, asunto que generalmente realizaba hacia las 11 de la noche.

Caminó las 2 cuadras entre el negocio y la casa; abrió la puerta pero no tuvo la precaución de cerrarla. Vaciló un poco sobre lo primero que haría pero sintió necesidad de ingresar al sanitario.

Cuando salió se encontró de frente con un hombre encapuchado quién le apuntó con un arma de fuego; éste le gritó que se acostara en el piso. Confundido dudó unos instantes, tal vez dos, tres o cuatro segundos. Amagó que iba a cumplir la orden pero, en lugar de ello y para sorpresa del hampón, lo enfrentó tranzándose en un forcejeo cuerpo a cuerpo dentro de la casa.

Emilio le alcanzó el brazo en la cual sostenía el arma; lo cogió cerca de la mano pero en medio de ello cayeron al piso. Estando en ese combate el audaz comerciante le quitó el pasamontañas a su atacante; algo en su interior, en su mente, lo motivó a tratar de conocer quién era esa persona que quería robarlo.

Así lo reconoció, lo identificó, supo que era un joven que acostumbraba a ver por las calles de Granada hijo de una reconocida familia de la localidad y quién generalmente se encuentra acompañado de por lo menos tres amigos. Ya descubierto fue cuando se produjeron los primeros  disparos según narró la propia víctima.

En alguno de esos instantes, sorprendido, ya acobardado, el delincuente trató de huir pero de nuevo Emilio se lo impidió. Lo alcanzó en la calle reiniciando la lucha cuerpo a cuerpo; una vez más cayeron  al piso.

Siguieron midiendo fuerzas pero vencido el ladrón, desconcertado, intentó “poner los pies en polvorosa” corriendo hacia arriba por la antigua carretera hacia la Panamericana.

Ya casi sin fuerzas por las heridas en el abdomen, en su pierna derecha y un brazo desde el piso Emilio alcanzó la tirante de una especia de maleta negra que el ladrón llevaba. Se la quitó, se levantó sangrando y sacando las pocas fuerzas que le quedaban salió corriendo hacia la Estación de Policía.

Cuando llegó ante los uniformados el comerciante puso en conocimiento de lo sucedido a los agentes; cuenta que éstos no le prestaron mayor atención y que tampoco se apresuraron a ayudarlo. Lo hizo un amigo suyo que por casualidad pasó por el lugar.

Lo recogió en la moto y lo llevó al Puesto de Salud en donde le prestaron los primeros auxilios. Esa respuesta rápida de su conocido le salvó la vida.  Estabilizado diligentemente  le ordenaron el inmediato y urgente traslado al Hospital de Soacha en donde lo intervinieron sin demora.

Aún convaleciente pero con la suficiente lucidez, cuando recuperó la conciencia este miércoles, comenzó a reconstruir los hechos. Entrego a su esposa  y más cercanos amigos los detalles de lo que había ocurrido; el  mismo relato que entregó a este reportero cuyos pormenores forman parte de las anteriores líneas.

Recordó Emilio que su atacante, 20 o 25 minutos antes del salto, había estado en su negocio comprando un paquete de papas fritas y un pedazo de salchichón que guardó en la misma maleta negra que le quitó en el forcejeo.

El paquete y el pedazo de salchichón aún se encontraban dentro de la misma maleta negra. Parece ser que las pruebas contra el atacante son contundentes y que su detención puede registrarse de un momento a otro según comentó el comandante de la Policía del Distrito Dos con sede en Fusagasugá, mayor Hernando Díaz, de la cual forma parte Granada.

Además el bandido quedó grabado en las cámaras de seguridad ubicadas en el supermercado de Chingaté cuando fue de compras con la misma maleta que hora tienen los investigadores. Seguramente, el de ir al negocio, lo hizo con la intención de estar cerca de los movimientos de su potencial pero, al final, esquiva víctima.

Con este caso los habitantes de Granada alzaron la voz; dijeron “no aguantar más” e   Iniciaron una serie de denuncias  a este medio dando cuenta de la creciente inseguridad en el municipio. Alertaron sobre frecuentes ataques contra principalmente las mujeres, seguramente por su debilidad,  quienes deben regresar tarde de la noche luego de cumplir sus compromisos laborales o estudios. Cuando llegan, casi siempre, se comunican con sus familiares para que salgan a protegerlas. 

Generalmente son atracadas  en su recorrido entre la Panamericana y el casco urbano a lo largo de la avenida llamada coloquialmente “el tobogán”. Les quitan  celulares, joyas y dinero.

Para los habitantes de Granada los autores de estos delitos son reconocidos; “todos sabemos quiénes son”, insisten, pero aseguran que nada se hace para frenarlos.

Aseguran que ello ocurre debido al creciente consumo de alucinógenos en el cual están cayendo algunos jóvenes, quienes  no ocupan su tiempo en trabajar o estudiar: “se la pasan todo el día para arriba y para abajo”, dicen.

Insisten en que en el municipio hay distribuidores de narcóticos y que las autoridades saben quiénes son pero que, pese a ello, no actúan.

Van más allá  e insisten en que ningún alcalde, ni el actual ni los anteriores, han iniciado trabajos para recuperar la seguridad en el Municipio. De sus quejan y señalamientos tampoco escapa la Policía según comentarios varios habitantes de esa ciudad. Sin embargo la esposa de Emilio dice lo contrario; en comunicación con este portal de noticias dijo que el actual mandatario les ha prestado todo el apoyo.

Por su parte el mayor Hernando Díaz, Comandante del Segundo Distrito, comentó que, en efecto, la institución viene tomando medidas y prepara estrategias para eliminar estas amenazas, tarea en la cual trabajarán sin descanso y que solo suspenderán una vez estén seguros de que han alcanzado los objetivos.

Insiste en que en Granada no existen bandas organizadas sino que se trata de brotes de inseguridad protagonizado por un pequeño grupo de delincuentes a quienes no han podido perseguir por cuanto no existen denuncias que argumenten investigaciones a fondo.

“Solo ha sido conocido un caso debidamente presentado en los últimos meses”, insiste. Anunció que precisamente este sábado se cumplirá un Consejo de Seguridad en esa localidad con el propósito de analizar el tema y buscar soluciones.

De forma simultánea las comunidades, a las 6 de la tarde de este mismo sábado, adelantarán una misa de acción de gracias por  la forma como "milagrosamente" se salvó Emilio Chingaté, tras lo cual adelantarán una marcha con velas para protestar por la falta de acción de las autoridades frente al creciente fenómeno de inseguridad en la otrora tranquila población.

Por esta calle y desde su casa -de paredes blancas y zócalo rojo- bajó corriendo y herido Emilio Chingaté.

 

Cigarrería de Emilio Chingaté en donde estuvo el ladrón vigilando a su víctima.

 

En la gráfica se observa el orificio que dejó una de las balas sobre una mesa de sala.

 

Sobre el piso se observa uno de los proyectiles, posiblemente el que atravesó la mesa de sala.

 

Sobre la pared, a la derecha de ese muebles de muñecas, se alcanza a ver en donde rebotó uno de los proyectiles.

Teniendo en cuanta las últimas imágenes sobre las huellas de los proyectiles es de presumir que, seguramente, se presentaron más disparos   de los observados por la víctima dentro de la casa.

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