Chia, Cota y la Sabana, seriamente afectados con intervención del van der Hammen.

Cundinamarca

Junto a los ambientalistas los alcaldes de esas poblaciones al igual que de Sopó, Cajicá y la Calera, incluyendo al gobernador de Cundinamarca, Jorge Rey Ángel, tendrán que emplearse a fondo en defensa de la reserva natural que pretende ser intervenida por el mandatario capitalino, Enrique Peñalosa, lo cual golpearía de forma directa y grave el ecosistema del departamento. La importante, vital y rica formación, ya lacerada con la intervención urbanística permitida por el ex alcalde Gustavo Petro, quién facilitó construcciones en la Conejera en aparente favorecimiento a sus familiares, recibiría otro golpe letal que arrasaría con la flora y fauna de la Sabana de Bogotá.

 

Informe especial:

Las observaciones tienen fundamento en una serie de estudios realizados por calificados geólogos, investigadores y analistas a través de diversos tratados en donde muestran la imperiosa necesidad de proteger y, más que ello, rescatar el Reserva  Natural Thomas van der Hmmen en límites con Chía y los cerros del oriente ya intervenida por numerosas edificaciones.

Uno de esos conceptos se encuentra consignado en reciente publicación de la Agencia de Noticias de la UN: “Investigadores de la Universidad Nacional han participado en varios estudios llevados a cabo en la reserva Thomas van der Hammen, los cuales ratifican la importancia de la zona como área de conexión ecológica de gran valor ambiental y biológico”, dice la presentación de la nota en cuestión.

Agrega que la riqueza de la reserva ya no existe entre otras zonas de la sabana, por el mal uso de los suelos y del agua.  “Sepultar este ecosistema extraordinario con urbanizaciones es un error que no debe cometer la ciudad, se perdería una de las joyas ambientales más valiosas de la región”,  insiste la publicación citando comentarios del  profesor Sergio Gaviria.

“El docente, del Departamento de Geociencias de la U.N., adelantó una investigación que permitió entender la relación suelo y agua de la zona. “Encontramos que los suelos de la reserva son profundos, ricos en materia orgánica y en productos minerales derivados de cenizas volcánicas que trajeron los vientos en las erupciones pasadas de la cordillera Central. Por lo tanto, son suelos productivos y están considerados como unos de los mejores del país”, señala.

Anota que estudios juiciosos pudieron comprobar que en épocas secas gran parte del agua que contiene el subsuelo circula hacia los humedales, nutre al río Bogotá y permite desarrollar actividades agropecuarias.

Para el análisis se utilizaron técnicas indirectas de geofísica y técnicas directas de mineralogía, geoquímica e hidroedafología. “La geofísica nos permitió reconocer los niveles de saturación de agua en los suelos de la reserva hasta varias decenas de metros de profundidad”, añade el docente.

“Otro concepto tenido en cuenta corresponde al profesor Gary Stiles, del Instituto de Ciencias Naturales de la U.N, quién analizó el comportamiento de las aves que habitan en la reserva, para conocer la conectividad en el borde norte de Bogotá y establecer cuáles serían las acciones de restauración que se necesitan en la zona”.

En el estudio se encontraron 30 especies terrestres endémicas de la cordillera y tres subespecies de aves acuáticas ya extintas y varias amenazadas, anota la publicación.

Agrega que para llegar a esta conclusión fueron realizadas visitas durante tres meses a los puntos escogidos dentro de la reserva, para lo cual contaron y escucharon las aves durante varios minutos y analizaron sus preferencias de hábitat y movilidad.

“Identificamos los sitios críticos para llevar a cabo acciones de mejoramiento, según los requisitos de las aves y las condiciones actuales del uso del suelo”, explica el profesor Stiles.

El investigador del Instituto de Ciencias Naturales de la U.N, Gonzalo Andrade, también aportó a las investigaciones con su conocimiento en biogeografía de mariposas. “El estudio permitió cuantificar cuántas especies de mariposas habitan la reserva y conocer su importancia en el ecosistema. Encontramos más de 26 especies y una de ellas es nueva para la ciencia, no está en ningún otro lugar del mundo”, señala el catedrático.

También, se observaron las coberturas vegetales divididas en bosques, pastizales y humedales, las cuales mostraron una enorme diversidad, con un total de 486 especies (que con líquenes, musgos y hepáticas aumenta a 514 especies), de las cuales el 80 % son nativas.

“Este proceso de investigación inició en 1997, para ello, fue contratado por la CAR y liderado por el profesor Thomas van der Hammen. Esta fase terminó con un libro publicado en el 2008, el cual incluye mapas y características de la reserva que en ese momento aún no llevaba el nombre actual”.

“En el año 2000, en un primer intento de la alcaldía por urbanizar la zona de reserva, Gerardo Ardila, profesor del Centro de Estudios Sociales de la U.N. compiló el libro “Territorio y sociedad: el caso del Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad de Bogotá”, que contiene documentos y reflexiones, algunos de los cuales advierten sobre el grave riesgo de la naturaleza en los planes de expansión urbana”.

Fue hasta el 2.010 cuando se iniciaron investigaciones rigurosas para inventariar la riqueza de la reserva e iniciar un plan de conservación y mejoramiento, según el material periodístico, agregando que el profesor Ardila, quien en ese momento era director del Instituto de Estudios Urbanos de la U.N., dirigió la investigación en la que también participaron el Instituto Agustín Codazzi, la UDCA y la Academia Colombiana de Ciencias Exactas (ACCEFYN).

“La Academia de Ciencia tomó la decisión de apoyar nuestro trabajo para confirmar que la reserva debía continuar protegida. Propusimos varios escenarios para lograr hacer de esta zona de la Sabana de Bogotá un modelo de protección del ambiente, capaz de contribuir a la preservación de la vida”, explica el docente.

Además, agrega, la reserva Thomas van der Hammen “es el área protegida que tiene la mayor y mejor cantidad de información en el país. Es el resultado de 20 años de trabajo y hay que defender todo lo que hemos avanzado”.

Con esos argumentos y por esas razones es que Cundinamarca y las poblaciones vecinas al ecosistema, deben intervenir sin reserva y con energía a fin de oponerse a las pretensiones del alcalde Peñalosa.

La suerte del van de Hammen, en consecuencia, no es solo asunto de Bogotá sino del departamento que recibiría de forma directa las afectaciones, y con mayores efectos, los propósitos distritales.

Hace pocos días un vocero del Palacio Liévano volvió a decir que esa es ya decisión del señor Peñalosa y que se mantendrán los trámites para permitir nuevas construcciones.

Ante ese escenario, insisten los entendidos, se requiere la intervención y reclamos de Cundinamarca.

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